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Una supercomputadora que dejó de utilizarse en una institución científica suiza llegó desarmada a la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), fue puesta a punto, y será inaugurada este lunes. En apenas un mes, la UNC enchufó a Helvetios para triplicar la capacidad de cómputo de “La Docta” y según sus investigadores, permitirá realizar simulaciones más grandes y sostener más proyectos en áreas como astronomía, química e ingeniería. La noticia ocurre luego de que se conociera que el proyecto de Presupuesto 2027 del Gobierno de Javier Milei prevé un 33% menos de los fondos que reclaman las universidades para funcionar el año próximo.
Las supercomputadoras son equipos que pueden realizar una cantidad de cálculos inmensa en comparación con los equipos domésticos, como notebooks o celulares. En general, a diferencia de una PC hogareña o una laptop, no tienen uno sino múltiples procesadores para manejar tareas de alta complejidad, desde la simulación de fenómenos meteorológicos para su predicción hasta la investigación en fármacos y de fenómenos astronómicos.
Específicamente, Helvetios es un clúster, un conjunto de computadoras conectadas para trabajar de manera coordinada. Cada una puede resolver una parte de un problema y compartir sus resultados con las demás a través de una red de altísima velocidad. Esa organización permite abordar cálculos que resultarían demasiado grandes o lentos para una computadora de escritorio. Es una herramienta clave para la ciencia argentina.
El logro ocurre en un contexto de ajuste: además de la reducción de fondos conocida el miércoles pasado, según la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), las transferencias a universidades cayeron 25,1% en términos reales en 2024, frente al año anterior. Otro informe del organismo registró una baja real de 8,4% en la inversión pública de la función Ciencia, Tecnología e Innovación durante 2025.
En ese escenario, Helvetios ofrece recursos para investigaciones que necesitan enormes cantidades de cálculos, “además de resaltar el valor del conocimiento acumulado en las universidades públicas”, dicen desde la UNC.
Acá, los científicos que participaron para traer el equipo explican cómo fue el proceso y para qué se usará esta supercomputadora.
Qué es Helvetios y para qué sirve
El sistema del clúster, o conjunto de computadoras, reúne 288 nodos de cómputo, como se llama a cada uno de estos equipos, y más de 10.000 núcleos de procesamiento. Su capacidad máxima teórica es de 763 billones de operaciones por segundo, según la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL). El rendimiento que obtiene una investigación depende del programa utilizado y de cuánto pueda distribuir sus tareas entre las máquinas.
“Helvetios es muchísima RAM en muchas computadoras, conectada por una red de altísima velocidad”, explica a este medio Nicolás Wolovick, doctor en Ciencias de la Computación y director de UNC Supercómputo. La RAM es la memoria donde se mantienen los datos con los que trabajan los programas mientras están en ejecución. En este caso, el sistema suma más de 50 terabytes.
Wolovick estima que solo esa memoria tiene un valor de unos 170.000 dólares. Los procesadores pertenecen a una generación de fines de 2017, pero la utilidad del conjunto está en la cantidad de recursos que reúne y en la velocidad con la que puede mover información. Esa combinación resulta valiosa para simulaciones que se reparten entre varios nodos.
Para entender su uso, conviene distinguir dos tipos de procesadores. Las CPU son los procesadores de propósito general que también tienen las computadoras personales. Las GPU, conocidas por su uso en placas de video (muy usadas por gamers) y en inteligencia artificial, pueden ejecutar una gran cantidad de operaciones en paralelo. La conveniencia de cada tecnología depende del problema y del software disponible.
“Todavía existen muchos problemas científicos que no aprovechan eficientemente las GPU y requieren un uso intensivo de CPU”, explica Dante Paz, investigador del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (IATE), de la UNC y el Conicet, consultado por Clarín. Helvetios amplía la capacidad disponible en CPU y permite ejecutar programas que los científicos ya utilizan para sus investigaciones.
Paz trabaja con simulaciones cosmológicas, que permiten estudiar mediante cálculos cómo evoluciona el universo. Allí, explica, la gravedad conecta objetos y estructuras a distancias muy diferentes, y muchos de los programas empleados para representar esas interacciones todavía dependen del tipo de procesadores que tiene Helvetios.
La incorporación permite aumentar el tamaño y el detalle de esas simulaciones, además de dar lugar a más investigaciones. “Gracias a Helvetios, hoy tenemos tres veces más capacidad que ayer. Eso significa que podemos sostener más tesis doctorales, desarrollar más proyectos y realizar simulaciones de mayor tamaño y mejor resolución”, resume Paz.
De Suiza a Córdoba: cómo llegó la computadora
Detrás del traslado hubo una relación construida años antes. Antonio Russo, especialista en computación de alto desempeño que trabajó en el centro de supercómputo de la UNC entre 2015 y 2017, hoy integra la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL). Cuando la institución europea reemplazó el equipo, sabía que en Córdoba había un grupo capaz de recibirlo, ensamblarlo y aprovecharlo para hacer ciencia.
“Yo conocía al equipo de UNC Supercómputo, sabía cómo trabajan y sabía que técnicamente estaban en condiciones de agarrar ese rompecabezas enorme y hacerlo funcionar”, cuenta Russo. “Llegó una montaña de cajas a Córdoba y al poco tiempo Helvetios estaba nuevamente encendido y corriendo trabajos de simulación”.
Por su experiencia, Russo conoce las dificultades para conseguir horas de cómputo en América Latina y el ritmo con el que las instituciones europeas renuevan sus equipos. Su trayectoria incluye trabajo en centros de computación de alto desempeño en Europa desde 2009, además de su paso por Córdoba. Esa experiencia le permitió identificar una oportunidad cuando Helvetios terminó su ciclo de uso en Lausana.
“La máquina dejó de tener sentido para nosotros en EPFL, pero eso no quería decir que hubiera dejado de ser útil. El desafío era encontrar un lugar donde realmente pudiera tener una segunda vida”, explica. Para decidir el destino, resultaba fundamental saber quién iba a operarla y en qué condiciones. Casi como hace el colectivo CyberCirujas con la tecnología de consumo, pero con el cómputo de punta: recircular para dar una vida extra a la tecnología y unir necesidades.
El traslado involucró casi cuatro toneladas de equipamiento, distribuidas en ocho cajas y enviadas por vía marítima durante los últimos meses. La tarea exigió ensamblar los equipos, conectarlos y configurar el sistema para que pudiera ejecutar los trabajos científicos. Según los entrevistados, en alrededor de un mes el conjunto ya estaba funcionando. Russo había confiado en esa capacidad antes de que saliera la primera caja de Suiza.
El equipo cordobés tenía experiencia en armar sistemas a partir de componentes y en aprovechar hardware reacondicionado para estirar los recursos disponibles. “Sabemos gestionar equipos. Jamás compramos una llave en mano”, dice Wolovick. Con Helvetios, ese método tuvo que aplicarse a una escala mucho mayor.
“Tanto los tiempos de respuesta como la calidad del soporte técnico no tienen nada que envidiarles a los de los grandes centros internacionales”, afirma Paz sobre UNC Supercómputo. “La pregunta que nos hacemos todos los días es: ¿cómo hacemos para retener a estas personas?”, plantea el astrónomo, en relación a los talentos que se van formando en la universidad.
Los límites de la donación y la posibilidad de repetirla
La llegada de Helvetios amplía los recursos disponibles en Córdoba, donde los investigadores describen una demanda de cómputo que supera la oferta. Wolovick explica que la incorporación de Clementina XXI, la supercomputadora instalada en el Servicio Meteorológico Nacional, tampoco eliminó las necesidades de otros centros del país.
“La llegada del TOP500 Clementina XXI que está en SMN no cambió en nada el cómputo que se hace en Córdoba, ni en Santa Fe, ni en Rosario”, sostiene. Según su evaluación, la nueva capacidad se ocupó con investigaciones que esperaban recursos. “Ahora tenemos Helvetios, pero necesitamos más”.
Esa demanda convive con el rápido envejecimiento de la tecnología, fenómeno estudiado bajo la Ley de Moore. Un sistema puede seguir encendiendo y ejecutando programas mientras otros equipos lo superan en capacidad y eficiencia energética. Para los investigadores, la posibilidad de competir también depende de acceder a máquinas que permitan resolver problemas cada vez más complejos.
Paz calcula que una supercomputadora tiene una vida útil competitiva de unos cinco años, que puede extenderse a seis o siete en países con menor capacidad de inversión. Después todavía puede servir para hacer ciencia, aunque quede rezagada frente a los nuevos sistemas. Por eso considera a Helvetios un paliativo frente a una dificultad estructural de la política científica argentina.
“Para eso necesitamos una inversión genuina, sostenida y previsible del país, tanto del Estado como del sector privado”, afirma sobre las condiciones necesarias para competir con los grandes centros. También pide que los recursos lleguen a instituciones que ya tengan equipos técnicos capaces de administrarlos.
Russo y sus colegas buscan ahora que otras universidades latinoamericanas puedan recibir equipamiento. “La pregunta que nos estamos haciendo ahora es cómo lograr que la próxima Helvetios no dependa de que haya un Antonio que conozca a un Nico”, señala.
La propuesta que analizan, a través de la colaboración regional en supercómputo de SCALAC, consiste en verificar qué centros están preparados para recibir una donación y de qué tamaño. La evaluación debería contemplar suministro eléctrico, refrigeración, espacio, conectividad y profesionales para instalar y mantener los equipos.
La electricidad es uno de los principales obstáculos. Wolovick explica que un sistema que consume 100 kilovatios también genera una cantidad de calor que exige refrigeración a esa escala. Las obras necesarias pueden resultar costosas y demorar la puesta en marcha. Esas demoras pesan todavía más cuando se trata de hardware que ya tiene varios años.
“Estamos orgullosos de poder apoyar a la Universidad Nacional de Córdoba con la infraestructura necesaria para la puesta en marcha de Helvetios, una supercomputadora orientada al diseño de fármacos, la ingeniería y las simulaciones cosmológicas gracias a su capacidad para realizar cálculos de alta precisión”, dijo a Clarín Andrea Semadeni, embajador suizo en Argentina, que presentó los detalles de esta colaboración el jueves pasado en el Planetario porteño.
“Una supercomputadora es como una pera, si no la usás, se pudre. Hay que ser rápidos”, dice Wolovick. “Se trata de uno de los tantos ejemplos de cooperación entre Suiza y Argentina que buscamos intensificar desde la Embajada”, completó.
“Quien no computa, no compite”, se escucha en el rubro.
En Córdoba, esa capacidad de reacción ya permitió poner Helvetios al servicio de nuevas simulaciones y demostrar que los vínculos entre las universidades pueden ser muy beneficiosos para un país, incluso a pesar de de la política universitaria que pueda tener el Gobierno de turno.
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Crédito de la fuente original: www.clarin.com
