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El año que viene se cumple el cincuentenario del estreno en Broadway de Annie, la historia de la huerfanita pelirroja adoptada por un multimillonario neoyorquino. Annie es de esos musicales ya considerados clásicos, que si no envejecen es por una extraña cuestión de metamorfosis, simplicidad y talento.
La obra, que transcurre en 1933, cuando la Depresión aún pegaba fuerte en los Estados Unidos, tiene un par de temas que usted seguramente escuchó una y mil veces, aunque quizá no sepa que provienen del musical. Son Tomorrow e It’s the Hard Knock Life, que le dan cierto sentido de esperanza a la vida de la chica a la que sus padres dejaron en la puerta de un orfanato, con una cartita y la mitad de un colgante en su cuellito.
El tema es que quien dirige el orfanato es la mandona, imbancable, prepotente, falsa y previsible señorita Hannigan, a quien Lizy Tagliani le aporta todo lo que puede. Es Lizi Tagliani haciendo de la señorita Hannigan, eructando para la carcajada del público y todo.
Annie es algo así como la más envalentonada entre las huerfanitas. Quizá por eso es que Grace Farrell (una contenida Julieta Nair Calvo, que estuvo en Tootsie) decide que sea ella la afortunada en pasar la fiesta de Navidad en la mansión de Oliver Warbucks. Miguel Angel Rodríguez le sigue sumando aplomo a sus interpretaciones, sean en comedias como en el musical. No necesita bailotear, ni cantar para que su personaje se gane la empatía del público.
Y tal vez en eso ayude que en la poda que se hizo del musical original (si tomaron el de Broadway, hay 40 minutos menos, sin contar el intervalo, porque aquí es un solo acto; y la versión madrileña duraba dos horas), ya que las referencias a los manejos empresariales ya no están. Sí se mantuvo la presencia del Presidente de los Estados Unidos, pero quedó en virtual. Cuando Warbucks habla con él, es como Tato Bores con Mr President: siempre por teléfono. La escena que transcurría en la Casa Blanca desapareció.
Sí está el perro vagabundo Sandy, que Annie conoce en la calle cuando se escapa del orfanato. Aprovechen a verlo ahora, en las primeras funciones, porque Annie le da tanto alimento balanceado para que no se vaya del escenario, que en un par de meses le va a costar moverse.
Quizá por lo inquieto del pichicho será que tampoco está en el número final, cuando es el regalo de Navidad de Annie…
Al margen de los cortes, el corazón de Annie, el musical, se mantiene intacto. Por suerte, y no como en otras adaptaciones, que le agregan chistes con sabor local, aquí todo se mantiene en una vía conocida. Ni Tagliani morcillea.
Como hay tres elencos infantiles, Annie y las otras huerfanitas van rotando. En la función que asistió este crítico Loana Muriel Martínez interpretó el rol principal, y es todo un hallazgo. A la simpatía le agrega condiciones vocales tanto como actorales. Lo mismo va para Olivia Villaba (Kate) en un elenco de niñas sin fisuras.
Lo dicho, Annie ya es un clásico que no necesita aggiornamientos y que deja tanto a las chicas que colman la platea como a los adultos satisfechos por el despliegue en escena. Cuando se nota que el capital invertido está puesto y se destaca en el escenario, todos terminan felices.
Comedia musical. Libro: Thomas Meehan. Música: Charles Strouse. Letras: Martin Charnin. Dirección: Mariano Demaría. Con: Miguel Angel Rodríguez, Lizy Tagliani, Julieta Nair Calvo, Loana Muriel Martínez, Olivia Villalba. Sala: Broadway. Duración: 95 minutos. Funciones: de jueves a domingo. Localidades: de $50.000 a $70.000.
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Crédito de la fuente original: www.clarin.com
