22/02/2026

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El Gobierno avanza pero no tiene paz y las conjeturas sobre Victoria Villarruel que enfurecen a Karina Milei

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Ni una palabra dijo Victoria Villarruel sobre una eventual candidatura para 2027. ¿Podría serlo, incluso, como aspirante a la presidencia? Hay sectores de la política que trabajan en las sombras para empujar el nombre de la vicepresidencia. Karina Milei, que la tiene anotada en la lista de enemigos antes que el propio Presidente, lo sabe y se enfurece. La compañera de fórmula de Javier Milei no lo va a admitir ni provocará a los hermanos con una acción que pueda afectar la institucionalidad. No quiere ser Chacho Alvarez: ni desatar una crisis ni jubilarse. Se mueve en los pocos territorios que dejan libre en la Casa Rosada, recorre las provincias, habla con la mayoría de los gobernadores y legisladores, no descuida sus vínculos con la Iglesia y las fuerzas de seguridad y sus asesores dicen que está preocupada por la no creación de empleo, por la falta de una política productiva y por la incidencia definitiva de la hermanísima en las decisiones del Gobierno. En política, la guerra de silencios puede ser más dañina que los enfrentamientos públicos.

Aunque haya sido una semana de éxito, las luchas internas siguen ocupando una buena parte de la cabeza de los Milei. Ven rivales a cada paso, conspiraciones permanentes, dentro y fuera de las fronteras de La Libertad Avanza. La búsqueda de paz no es una de las prioridades de los hermanos. Tras el avance de la reforma laboral en Diputados y de quedar a un paso de convertirse en ley el próximo viernes en el Senado, ahora llegan ecos de un recrudecimiento de la tensión entre el karinismo y Santiago Caputo. Habrá novedades pronto. Mariano Cúneo Libarona, que se quiso ir en diciembre del ministerio de Justicia, está cerca de decir adiós y la hermanísima no quiere que se quede en el cargo su segundo, Sebastián Amerio, que responde a Caputo. Maneja uno o dos nombres para el reemplazo. Se verá si Milei le da el gusto o si mantiene el sillón para un colaborador de su gurú estrella.

En paralelo, acaba de emerger cierto malestar con Patricia Bullrich. Como en anteriores fricciones internas, el desasosiego no parte del jefe de Estado. Es Karina. Esos ecos se instalaron la semana pasada, cuando Bullrich -tras la media sanción de la reforma laboral- subió a sus redes un video para celebrar la victoria en la Cámara alta en la que se la ve en plena acción parlamentaria durante varios pasajes del tratamiento del proyecto. Una grabación estudiada, bien editada, que parecía emular un pasaje de la película El diablo se viste a la moda, en la que la genial Meryl Streep camina hacia un ascensor subida a unos tacos rojos altísimos. A Karina no le hizo gracia ni el video ni la similitud con la actriz. Los méritos, todos los méritos, deben ser siempre del líder libertario. Debajo no debe haber nada.

Encima, Bullrich quedó enredada en la discusión del artículo 44 de la reforma, el que planteaba que los trabajadores con licencia por enfermedad o accidentes no laborales pasarían a cobrar entre el 50 y el 75 por ciento del salario. Casualidad o no, un sector del oficialismo apuntó contra ella por haberlo incluido de prepo a último momento. Un error importante. “Es difícil trabajar con Patricia, eh”, advirtió un funcionario incondicional de la dupla Milei.

Bullrich ha sido, desde el día uno, pieza clave del Gobierno y responsable de la cartera de seguridad que cambió el paisaje de las protestas sociales con una política de represión del delito en las calles que terminó con los piquetes. Eso le valió una suba en la imagen pública, que conserva hasta hoy, y un notable triunfo electoral en la Ciudad en octubre. Lo que es bueno para ella, sin embargo, quizá no sea tan bueno para otros.

El lunes, la presidenta del bloque de senadores asistió a la Residencia de Olivos para ver a Milei y posó sonriente con él. No bastó para disuadir los rumores. A esa altura, el artículo 44 se había entrometido como un rayo en la conversación en redes, pero también en los cafés, gracias a que la semana anterior el ministro de Desregulación y Modernización del Estado, Federico Sturzenegger -y autor determinante del texto de la reforma, declaró que ninguna empresa tendría por qué pagarle a un trabajador que se lesiona jugando al fútbol con su hijo. En un país que respira fútbol no pudo haber un ejemplo peor. ¿Quién no ha pateado una pelota con su hijo? La popularización del tema se volvió un bumerán para el Gobierno y se instaló una suerte de caza de brujas: ¿Quién había dado la orden de agregarlo, si no estaba en el texto original?

¿Fue el mismo Surzenegger? ¿Fue Bullrich? Hubo también quienes apuntaron contra Santiago Caputo, que por estos tiempos procura convertirse en un ser invisible y conservar su impresionante estructura de poder. El recorrido de esa parte del escrito solo lo conocen al detalle pocas personas. “Yo les dije que esto iba a traer quilombo”, se plantó María Ibarzabal Murphy, la secretaria Legal y Técnica, cuando estalló el conflicto y concurrieron a pedirle ayuda.

El oficialismo estudió varias alternativas para evitar un trance mayor en el Congreso y que todo se demorara. Un legislador se permitió una ironía: recordó el significado del número 44 en la quiniela y dijo: “Quedamos atrapados en la cárcel”. Tampoco causó gracia. Al final, para que la iniciativa avanzara con los tiempos que exigía Milei, el artículo fue eliminado por completo.

El Gobierno, salvo un traspié que hoy nadie avizora, tendrá su reforma laboral antes del 1 de marzo, como quería Milei, y se convertirá un logro político insoslayable. Un logro que desnudará, por un lado, que los libertarios pueden insultar a la casta, pero, a la vez, sentarse plácidamente a negociar con ella y, por otro, que el peronismo ha perdido vigor como nunca desde el regreso de la democracia. Los libertarios podrán jactarse de haber hecho lo que no pudieron, supuestamente, otras administraciones más fuertes e integradas por políticos de la vieja guardia.

Esto no impide pensar que no se trata de la reforma que Milei hubiera diseñado si tuviese más poder en el Congreso. En el mundo ideal del mileísmo se hubiera apelado a la flexibilización laboral total. Para los libertarios, el derecho laboral -como concepto- es una falacia. Si las manos les alcanzaran, acaso impulsarían la derogación de la ley de contrato de trabajo para que el vínculo entre empleador y empleado sea, tan solo, un contrato entre partes. Así como se lee.

El Gobierno libra en todos los campos una batalla cultural, que -de tanto en tanto- le deja paso a la negociación política para que sea posible avanzar en términos parlamentarios. ¿Cuánto hace que Milei no llama ratas a los legisladores? ¿En qué quedaron los insultos a Alfonsín? ¿Por qué ya nadie hace referencias incómodas hacia Mauricio Macri? Son datos.

Pero los enemigos político nunca desaparecen. Descansan por un tiempo, mientras afloran otros. Hace tres semanas fue el turno del CEO de Techint, Paolo Rocca. Quince días atrás le tocó a Marco Lavagna por su salida del Indec. Esta semana fue el momento de Javier Madanes Quintanilla, el dueño de Fate, que anunció que la empresa de neumáticos dejará de producir y despidió a 920 trabajadores.

La embestida contra él fue fuerte. Le recordaron, como a otros, sus fotos con Cristina y Sergio Massa. Lo acusaron de no querer competir y hasta de conspirar contra el Ejecutivo en venganza por la política aperturista. Otra vez, la contradicción libertaria: se supone que, en la concepción de libre mercado que impulsa Milei, un empresario tiene derecho a echar a quien quiera, más si -como en este caso- se anuncia el pago de las indemnizaciones.

Pero ocurre que los despidos se dan en un contexto de suba de inflación (2,9% en enero, la más alta desde marzo del año pasado) y de un miedo generalizado -que grafica cualquier sondeos, incluso los que llegan a la Casa Rosada- a la pérdida del poder adquisitivo. Según el último registro oficial, los salarios quedaron relegados un 2,4% entre septiembre y diciembre.

Algunos en el Gobierno se lo toman con más calma y deslizan una dosis de cinismo. Sostienen que en Fate pasó lo que tenía que pasar. “Estamos frente al reordenamiento de la economía. No es la primera empresa que cierra ni va a ser la última”, avisan. Otros se muestran preocupados y ansiosos. En las reuniones de Gabinete se dice que la economía crecerá fuerte, pero no todos están convencidos.

La noticia del cierre de Fate luego de 86 años de vida, los neumáticos quemados a la vera de la Panamericana y los trabajadores subidos al techo de la fábrica en señal de protesta por las casi mil personas que ya no volverán a su lugar de empleo no ayudan a instalar la idea de que se está en las puertas de lo mejor del modelo libertario, como aseguran en el Gobierno.

El relato también sufre.

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Crédito de la fuente original: www.clarin.com

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