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Ha hecho de malo, de muy malo, y de bueno y de no tan bueno. Edgar Ramírez es el venezolano más famoso en Hollywood. Fue candidato a dos Emmy (por la miniserie Carlos, de Olivier Assayas, y por El asesinato de Gianni Versace) y el año pasado lo vimos en el musical candidato al Oscar Emilia Pérez, de Jacques Audiard.
Pero también trabajó dirigido por Steven Soderbergh (en El Che), por Ridley y por Tony Scott, y vino a la Argentina a rodar con Pablo Trapero La quietud en 2018.
No es el único lazo con nuestro país ya que mucha de su familia (“la tercera generación de parte de mi padre”, le contará a Clarín) emigró a la Argentina, por razones que todos conocemos.
De estreno, como actor y productor
Edgar acaba de estrenar esta semana aquí y en toda Latinoamérica Aún es de noche en Caracas, un thriller y un drama ambientado en la capital venezolana, pero que no es un alegato político. El amigo de Robert De Niro también ofició de productor en la película, y tiene un rol secundario, pero importante.
Afincado ya en Los Angeles, mantuvo un Zoom con Clarín, en el que habló de la película, sí, pero también de sus sueños, su relación con la Argentina y del filme que filmó con Emilia Clarke, la protagonista de Game of Thrones, y que estrena en abril.
-Cuando te fuiste de Venezuela, no lo hiciste desde San Cristóbal, que es donde vos naciste.
-No, me fui de Caracas realmente. Y ya no puedo regresar al país. Fue en 2017, justamente el año que se centra la historia de la película.
Fue Gianni Versace, y no pudo volver a Venezuela
-A esa altura vos estabas trabajando muy bien en el exterior, tenés una carrera internacional.
-Sí, de hecho estaba haciendo El asesinato de Gianni Versace, que fue la primera vez que hice aquí en los Estados Unidos una serie de TV. Y fue la primera vez que tuve que quedarme aquí por más de cinco meses seguidos. Yo siempre viví en Caracas, y lo que hacía era viajar adonde estuviera el trabajo. Tenía la suerte de no tener que mudarme de Venezuela para trabajar en Europa, aquí, o trabajar en América latina, pero bueno, las circunstancias hicieron no poder vivir en mi país.
-¿Tenés familiares aún allá en Venezuela?
-Sí, claro que sí. Toda mi familia está allí. Mi padre murió el año pasado aquí, en los Estados Unidos. Pero no pude ir a la misa familiar, con todos los amigos de mi papá que le hicieron. Fue cremado y las cenizas las llevamos para allá. Se hizo una misa muy linda, mi papá tenía muchos amigos, era muy popular.
-¿Cómo te involucraste en este proyecto?
-Mira, yo recibí la llamada de un amigo mexicano, de mi socio, él es un productor mexicano. Él había leído esta novela que estaba siendo un hit tremendo a nivel editorial, que se llamaba La hija de la española, escrita por la periodista venezolana Karina Sainz Borgo. La novela fue todo un éxito a nivel editorial, sin precedentes. Fue traducida a más de 20 idiomas, recibió premios. De hecho, había pasado poco tiempo desde que yo había sido forzado al exilio. Entonces era como que estaba un poco herido. No entendía mucho. Sabía que quería contar algo sobre Venezuela y sobre la devastación que hemos vivido nosotros en los últimos 25 años. Pero no quería que fuese desde la denuncia, ni desde la revancha, ni desde el dolor, sino que fuese lo que fuese, una historia que pudiese realmente ser universal y que contara y hablara de la humanidad a través de lo que nos pasó.
Cuando la leí, me la leí en menos de dos días y dije wow, esto es increíble. Realmente es un vehículo artístico narrativo universal para hablar de algo muy, muy, muy específico. Y me comuniqué con Karina, me reuní con ella en Londres y tuvimos una muy buena conversación. Y finalmente, bueno, tuvimos la suerte de que ella confiara en nosotros y nos diera los derechos de la novela y que se convirtiera además en productora ejecutiva de la película.
Escapar del infierno
Porque básicamente es la historia, la novela al igual que la película, de una mujer que, en medio de un caos tremendo, en una ciudad que está en llamas, que se está cayendo a pedazos, no hay agua, no hay luz, no hay comida, no hay medicina, la gente está hambrienta y enferma, y sale masivamente a reclamar sus derechos, a protestar. Muchos de ellos son estudiantes y la dictadura despliega las Fuerzas Armadas, grupos de choque, grupos paramilitares para aplastar brutalmente las protestas. Hay muchos muertos. Hay mucha gente encarcelada, torturada, estudiantes y menores de edad.
Y en medio de este caos hay una mujer que está enterrando a su madre, que acaba de morir de cáncer, y se ha quedado completamente sola. Regresa a su apartamento y descubre que un grupo armado afín a la dictadura ha confiscado su apartamento y ahora tiene que esconderse en su edificio y comenzar a tomar una serie de decisiones muy, muy difíciles para intentar sobrevivir, escapar de aquel infierno.
Si yo hago esta historia que te acabo de contar, le quitó la palabra Venezuela y la palabra Caracas, esta historia pudo haber sucedido en Alemania en los años ‘30, en Irán, en los años ‘70, en Bosnia-Herzegovina, en los años ‘90, en varios países centroamericanos, en los años ‘80.
Básicamente, para nosotros era muy importante encontrar una historia que pudiera servir de reflejo para todas aquellas personas que han estado forzadas a tomar decisiones imposibles para poder sobrevivir.
-¿Y qué acciones tomaste vos estando fuera de Venezuela en contra del chavismo?
-Lo que hicimos cientos de miles de personas, que nos plantamos cara a cara a la dictadura y lo denunciamos mundialmente. Yo soy uno de muchos. Bueno, sin contar con los 8 millones de personas que han tenido que abandonar el país en los últimos diez años. O sea, uno de cada cuatro venezolanos se ha ido del país, forzadamente. La crisis de desplazados más urgente de la era moderna. No existe un caso donde tantos millones de personas hayan sido forzadas a abandonar su país en un plazo de tiempo tan corto.
Trump, la incertidumbre y el agotamiento emocional
-¿Cuál es tu opinión acerca de las acciones que el presidente Trump ha tomado con Venezuela?
-Mira, nosotros sentimos una mezcla de emociones muy, muy extremas. Sentimos alivio, porque un dictador que destruyó la vida de muchísimas personas está tras las rejas y eso es algo que de alguna manera nos hace sentir una esperanza, y la sensación de que puede que exista la justicia, ¿no? Y que la impunidad no es el precio de la paz. Eso por un lado. Por el otro, también hay mucha incertidumbre, hay miedo, hay muchísimo agotamiento emocional, porque claramente entramos en un territorio desconocido. No sabemos exactamente hacia dónde va, pero queremos creer que nos va a conducir a un país más próspero, a un país en paz, a un país justo y sobre todo, un país libre.
-Vos sos miembro de la Academia de Hollywood. ¿Votaste para las nominaciones en el rubro Mejor película internacional?
-Eh, sí. Pero no te voy a decir por cuáles.
-Bueno. Pero te hiciste tiempo, te anotaste como voluntario para ver las películas y votar.
-Durante algunos años fui miembro del comité seleccionador. He tenido la suerte de ver muy buen cine. Por lo menos fui tres años miembro del comité nominador.
-Y te tocaron, este año, 7 u 8 películas para ver del total de precandidatas.
-Sí. Ha sido un año maravilloso.
-¿Qué te tocó ver a vos este año?
-Yo vi muchas. Tuve la gran suerte, porque además, como Aún es de noche en Caracas se estrenó en el Festival de Cine de Venecia, y luego fuimos a Toronto para el estreno para América del Norte, y a Morelia para de América del Sur, entonces, claro, tuve la oportunidad de ver de todo. Valor sentimental, obviamente El agente secreto, que me encanta, y me pone muy feliz porque Wagner (Moura, el protagonista) es un gran amigo.
-¿Viste alguna película argentina últimamente?
-A ver, cuál es la última que vi…Simón de la montaña.
Su paso por la Argentina
-Viniste a rodar a la Argentina “La quietud”, de Pablo Trapero, con Graciela Borges. ¿Qué recuerdos tenés de aquí?
-La primera vez que fui a Buenos Aires fue en el 2007, que yo era en ese momento presentador de un festival de cortometrajes que se hacían para toda América latina. Fue mi primera experiencia en Buenos Aires y fue increíble. Y luego regresé en el 2018, la última, en diciembre fui a rodar con Pablo. Tengo recuerdos preciosos porque fue el último Año nuevo que pasé con mi papá. Fue la última vez que estuvimos juntos.
Yo llevé a toda mi familia, porque la película se filmó en verano y tuvimos que filmar después de Año Nuevo, después de Navidad, y me la traje de Venezuela. Yo tengo mucha familia en la Argentina, muchos primos, o sea toda la tercera generación de mi familia por parte de padre son todos argentinos. E hicimos una buena cena de Navidad en casa de Pablo. Tengo recuerdos muy bellos de esa Navidad.
-¿Cómo va el proyecto de volver a rodar con Robert De Niro, tras “Manos de piedra”, donde interpretaste al boxeador Roberto Durán?
-Estamos todavía conversando, pero todavía no está confirmado. Hay varias cosas que hemos seguido conversando con Robert, pero no está confirmado aún. A partir de esta película, comienza una carrera nueva como productor para mí, que es como el camino natural de cualquier actor.
Con la estrella de “Game of Thrones”
-Acabás de filmar una película con Emilia Clarke (la estrella de “Game of Thrones”).
-Sí, la hice en Inglaterra, se llama Next Life. Es una historia de amor entre dos músicos de del jazz underground de Londres. La dirigió Drake Doremus, y me fue muy bello, porque además, tuve la oportunidad junto con Emilia de cantar. Grabamos un disco.
-¿Estudiaste canto previamente, o lo estudiaste para la película?
-Yo tengo lo que se dice bolsillo de voz, no soy un cantante de Broadway, soy como lo que se llama un crooner. Y mi personaje es un músico de jazz muy, muy metido en el latin jazz, muy en la bossa nova. Y bueno, canto en inglés, en portugués, en español, me tocó trabajar con una gente increíble, de modo que para mí fue una experiencia muy, muy bonita.
-Te ha dirigido Soderbergh, Tony y Ridley Scott, Assayas, Audiard, Kathryn Bigelow… Has tenido ya una trayectoria realmente muy importante. ¿Qué has aprendido de ellos?
-Los grandes directores tienen visiones fuertes y tienen mucho pulso en la forma en la que quieren contar sus historias. No pueden escapar además de sus obsesiones, ¿no? Y eso siempre es muy inspirador.
-¿Por qué eligieron México para filmar “Aún es de noche en Caracas”?
-Principalmente porque la producción es básicamente mexicana, y el proyecto se armó allí. En rigor, es una película mexicana. O sea, los jefes de cada área son mexicanos, los fondos son mexicanos. Obviamente hubiese sido imposible filmar en Venezuela. Bueno, sí filmamos una secuencia muy corta, pero la filmamos de manera clandestina.
-No, no te voy a decir. Parte de lo hermoso de este proyecto es que nosotros reconstruimos Caracas en Ciudad de México. De hecho hay una anécdota muy, muy, muy divertida de las directoras, Mariana Rondón y Marité Ugas. Cuando el equipo de diseño de producción comenzó a buscar locaciones para filmar, viajaron a Caracas y luego comenzaron a buscar calles de Caracas en Ciudad de México. Y no encontraban parecidos. Nos decían que no a todo. Llegó un momento en que ya teníamos que decidir y se les ocurrió a las dos cambiar la estrategia. Y agarraron una foto de la colonia Anzures en México, que tenía edificios de mitad de siglo y de los años ‘60, como las organizaciones aledañas a la autopista en Caracas. Y Les dicen “¿Tú crees que esta foto de esta calle de Caracas la podemos reproducir en México?” Y dijeron “No”. “Perfecto, gracias”.
Hubo una escena que se filmó en Venezuela con un equipo de guerrilla, básicamente se presentó un guion falso, de comedia romántica, claro, para poder obtener los permisos.
-Y hay imágenes documentales de la represión.
-Sí, hay imágenes de archivo que además son icónicas y era importante incluirlas también como el background de la historia.
-La película estrena en toda América latina este fin de semana. ¿Qué esperás de la respuesta del público?
-Esta película es realmente un thriller de supervivencia y un thriller de horror. La única diferencia es que el monstruo, en lugar de estar debajo de la cama, el monstruo es el soldado que estaba dispuesto a protegerte y te dispara por protestar, te mete preso y te tortura. Es el funcionario público que supuestamente tiene que estar a tu disposición y te exige y te extorsiona, trafica con tus medicinas, trafica con tu enfermedad, con tu dolor, con tu comida. El monstruo es incluso el vecino que se ve forzado a delatarte para también salvar su propia vida. Es una película que está llena de personas muy extremas. Espero que la gente se emocione y que la película abra un espacio de curiosidad para que el público quiera saber más sobre Venezuela, o quiera empatizar más sobre lo que ha pasado en Venezuela en los últimos 25 años.
Son muchos lugares en el mundo actualmente donde las personas están forzadas a tomar decisiones muy duras para sobrevivir. O sea, el tema de la emigración es algo clarísimo dentro de la película, pero también para los argentinos, no es nada ajeno y especialmente de cara a la emigración venezolana.
-¿Vos elegiste de entrada interpretar al fotógrafo, la pareja de la protagonista?
-No, fue después. Me invitaron las directoras a hacer el personaje, y como yo estaba allí, y bueno, nos ahorramos esa plata. Y yo como productor dije perfecto, porque así todo queda en familia.
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Crédito de la fuente original: www.clarin.com
