01/05/2026

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“No me retiré, soy un futbolista eterno”

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Santiago Silva no sigue jugando al fútbol porque lo dejaron de llamar de los clubes. Sus 45 años no tienen que ver con el punto final. Asumió el retiro cuando se dio cuenta de que ya no sucedía lo mismo de siempre y los entrenadores o empresarios ya no llegaban con propuestas de distintos colores. Nunca dejó de entrenarse y, si alguno lo llamara hoy, podría presentarse mañana para ponerse a la par de un grupo. Pero ahora espera que la demanda de su existencia lo ponga al frente de un plantel. El Tanque quiere ser director técnico y para poner en valor su título habilitante ya eligió ayudante y preparador físico. Es cuestión de encontrar la oportunidad.

Por oficio, desarrolló algo así como un método para potenciar delanteros. Observó que en tiempos de campeonatos de 19 fechas, los goleadores orillaban los 20 goles mientras que en la actualidad, promedia una docena. Cree que en la raíz de los bloqueos se cruzan las distintas redes sociales que erosionan la salud mental. “Hay un tema de salud mental que ha desvanecido al jugador de fútbol, en las redes sociales, cualquiera dice cualquier cosa sin tener un aval: en un momento bueno te llevan al espacio y de repente estás en el suelo. Tengo herramientas para darles a los jugadores, a los delanteros principalmente, para que en el momento indicado sepan abordar la situación y que la frustración sea corta, quitársela”, le cuenta a Clarín sobre su sistema.

Silva sabe de las dos cosas, de goles y de la voracidad de los pensamientos en momentos difíciles. Se puede jactar de haber sido campeón y goleador más de una vez y de haber vuelto de una sanción por sus valores de testosterona en un control antidoping. Fue goleador y campeón con Banfield antes de regresar a Vélez y lograr ese mismo combo. Con ese envión fue a la Fiorentina, pero volvió rápido porque le propusieron el gran desafío de ponerse la camiseta que había quedado vacante en Boca luego del retiro de Martín Palermo. Tras ser campeón de la Copa Argentina, siguió su camino en Lanús y alzó la Sudamericana para convertirse en el único futbolista campeón con los rivales del Clásico del Sur. Estaba en boca de todos, menos en la de la Selección de Uruguay, tapado siempre por otros delanteros con buen presente en Europa. Esa es una cicatriz que le dejó el fútbol.

Antes de entender que se había consumado el retiro, intentó una tercera vez en el Taladro que, además de goles, necesitaba una cabeza que pensara dentro de la cancha y absorbiera la presión que le caía a un piberío que peleaba -como ahora- la permanencia. Pero no hubo interés y por primera vez tuvo que pensar en ganarse la vida sin hacer goles.

-¿Se extraña hacer y festejar goles?

-Lo extraño. ¿Qué es lo más hermoso del fútbol? El gol. Daría cualquier cosa por volver a jugar, cualquier cosa por volver a sentir esa sensación. Lo veo, lo visualizo cuando veo a los equipos de fútbol, veo, veo… me visualizo dentro. Lo sigo sintiendo. A mí se me hizo muy difícil poder dejar al fútbol a un costado. Más allá de que me retiré cuando yo quise… O no, a ver cómo lo digo: no me retiré, yo digo que voy a ser siempre un futbolista eterno, más allá de que claramente hay un final.

-Si te llaman hoy para volver, ¿volvés?

-Me entreno todos los días, pero no es solamente eso. La realidad es que uno ya tiene una edad avanzada para lo que es el fútbol, pero en mis locuras sueño que puedo volver. Juego al fútbol, me invitan y lo hago de la misma manera, lo sigo sintiendo, aunque sea un fútbol 5, de 11… Siempre con esa disciplina y con esa mentalidad ganadora.

-Con esa mentalidad, ¿cómo vivís esos momentos que dijiste que fueron malos?

-Tuve cuatro o cinco momentos malos en mi carrera. Malos como marrar un penal, como pelear el descenso o, simplemente, no poder meterla. Siempre me gusta hablar de lo malo, porque lo malo es lo que te hace salir a redoblar el esfuerzo, de ser un jugador o una persona resiliente. Siempre enfoqué las cosas en lo malo, para después acordarme cómo salir adelante y ser un tipo más positivo en ciertos momentos. Yo resalto muchísimo una palabra que la llevo hasta el día de hoy: equilibrio. Fui muy equilibrado con mi carrera. Muchas veces ganaba, hacía goles y yo me mantenía de la misma forma, ni tan-tan ni tan poco.

-¿Te pusiste a pensar qué pasó que no pasó en la Selección?

-Con el tiempo uno va analizando y pensando. Me tocó tener una camada adelante muy, pero muy buena, en la selección uruguaya, ¿no? (Luis) Suárez, (Edinson) Cavani, (Sebastián) Abreu, (Diego) Forlán… Entonces ya había una estructura armada en ese momento, pero, bueno, yo estaba en un gran momento. Tuve 4 o 5 años en un momento muy, pero muy, bueno, porque puedo describirlo. Banfield, campeón, goleador; Vélez, campeón y goleador. Me voy a Italia de la Argentina al año, vuelvo a Boca, campeón de la Copa Argentina, jugando una final de Copa Libertadores. Me voy a Lanús, campeón de la Sudamericana. Entonces queda ese sabor amargo… Es no haberla sentido en el mejor momento. Porque si hubiese sido argentino me hubiesen citado, como le pasó a un montón de jugadores que fueron citados por su gran momento. No pude sentirla como para decir: ‘Bueno, está o no está. Listo, ya está’. Queda eso, queda esa cicatriz.

-¿Fue un mito eso de que te iban a llamar a la Selección Argentina?

-Existió. Me comentaron eso mismo. No sé cómo fue la pregunta, pero el director técnico de la Selección, que era (Sergio) Batista, dijo que el mejor nueve del fútbol argentino era yo. No llegué a hablar con él, pero estaba todo para que se pudiera dar. Por ahí del lado de Uruguay eso dolió.

-Si te convocaban ¿hacías la ciudadanía, te hubiera gustado?

-Claramente, sí. Me hubiese encantado sentir algo en la Selección, independientemente del lado de la orilla. Hace muchos años vivo en Argentina, amo Argentina, mi mujer es argentina, tengo una hija argentina y otra uruguaya. Es un país que amo, que quiero mucho y que me siento muy pero muy querido con la gente.

-¿Cómo viviste cuando llegó el momento de Boca?

-Por mi forma de jugar y por lo que demostré en Banfield, en Vélez y yéndome a Italia, no hablo de merecimiento, había hecho el esfuerzo para estar en un grande. Tuve que tomar una decisión bastante compleja: yo estaba muy bien en Italia, si bien no estaba jugando, tenía tres años de contrato con 31 años y tomé la decisión de venir a Boca. Fue lo más hermoso que me pudo haber pasado.

-¿Qué tiene de distinto ser jugador de Boca?

-Es maravilloso porque ser jugador de una institución de la magnitud que es Boca te lleva por ahí a no darte cuenta o a no poder disfrutarlo en el momento. Porque estás tan comprometido y tan compenetrado en lo que es ese mundo que no podés tener un traspié donde sea: ni tomando un café como estamos acá. Hay que ser y parecer: ser de verdad, para el que no te conoce, ¿me entendés? Y después, la sensación de que sos 24 horas jugador de Boca: cuando vas a entrenarte, cuando llegás a tu casa, cuando vas a buscar la nena del colegio, cuando vas a cenar. Entonces, eso te lleva a que tu comportamiento sea cien por ciento profesional. Después de lo vivido, creo que no cualquier jugador puede jugar en Boca. Hay un tema de personalidad, de mentalidad, hay un tema claramente futbolístico, sino no llegás. Estoy orgulloso de haber vivido esa sensación y de acordarme a cada instante de situaciones que me tocaron vivir y decir ‘epa’. El momento no se disfruta tanto como cuando se vuelve recuerdo. Ahí no hay vueltas. Y más… Hoy te lo digo luminoso, así, con los ojos así: estoy orgulloso, orgulloso de verdad de haber vestido una camiseta tan pero tan grande mundialmente.

-¿Se te viene alguna imagen así en particular para describir eso que decís?

-Se me viene la Bombonera estando adentro, agradeciéndole a Dios como hacía en cada uno de mis partidos cuando salía a la cancha. Salía a la cancha y le agradecía a Dios estar disfrutando ese momento. Lo hacía en Newell’s, que fue mi primer equipo de Argentina, como Aldosivi, que fue en el último. Hoy ya no lo disfruto, solo lo recuerdo.

El Tanque Silva, en modo DT

En el horizonte de Silva la responsabilidad de la conducción técnica y está ansioso porque llegue el momento. Se promueve él personalmente, como un relacionista público de sí mismo y cuando lo habla con directivos o empresarios les recuerda: ‘ahora soy entrenador’.

-¿Qué tipo de equipo vamos a ver cuando dirijas uno?

-He seguido mucho Argentinos Juniors en su momento con (Gabriel) Heinze, con Nico (Diez), (Gabriel) Milito. Me gusta intentar jugar. Yo considero que la mejor táctica de fútbol son tus jugadores y la capacidad de entender, no lo que yo diga, sino lo que pide el partido. Es muy difícil, porque hoy en el fútbol argentino se prioriza la intensidad. Me gusta mucho el 3-5-2 o el 3-5-1-1, según qué jugadores uno pueda tener. ¿Un perfil? Un técnico como fui de jugador: bastante inquieto ahí en el banco de suplentes, un estilo Simeone, una cosa así, siempre intentando buscar lo positivo para mis jugadores.

-¿Y te da ganas de arrancar como cabeza de grupo? ¿No pensaste en un comienzo como ayudante?

-No, me gustaría como cabeza de grupo. Viste que hoy se ensamblan varios cuerpos técnicos que por ahí no estaban armados. No sé, (Julio) Falcioni llamó a (Leandro) Somoza. (Miguel Ángel) Russo se nos fue para arriba y quedó el ayudante (Claudio Úbeda). Hay muchos acoplamientos, pero me gustaría arrancar solo.

-¿Te gusta el fútbol argentino?

-Miro el fútbol argentino, me gusta. El fútbol argentino me gusta desde que tengo uso de razón, futbolísticamente, a los 12 o 13 años. Me encanta el fútbol argentino, pero hay un cambio absoluto. Cuando a nosotros nos tocaba jugar, eran 18 equipos (sic) y hoy hay 30. Entiendo que puede haber más oportunidades, porque cualquier equipo menor, no voy a dar nombres, tiene más oportunidades y más visibilidad para vender jugadores y para competir. Pero estos campeonatos de 30, realmente no me gustan. Hay equipos que no están preparados para estar ni futbolísticamente ni estructuralmente. Además hoy en día entró todo en las redes sociales, el streaming y como que se ha deteriorado un poco el concepto del fútbol real.

-¿Y el VAR ayuda a que se deteriore un poquito el concepto del fútbol real?

-Y hablamos de esta modernidad que ha traído bastantes atrasos, por lo menos acá, no sé en otros lugares. Pero en otros lugares, (la revisión) pasa mucho más rápido. Inglaterra es todo más rápido. ‘Es esto, fue esto, entró la pelota, no entró’, ya está. Pero también los jugadores argentinos son muy competitivos, entonces entra la pelea con el árbitro, la pelea con el VAR, toda esa discusión que hace que por ahí, en vez de jugar 50 minutos totales en los partidos, se juegan 40… Se juega un tiempo solo o menos y después se discute, se analiza y se ve y no entendés.

-Se habla mucho también de que algunos árbitros no están tan ajustados al reglamento, o se ajustan de diferente manera, por decirlo de algún modo. ¿Qué ves vos de eso?

– Yo siempre que me tocó jugar siempre me peleaba de buena forma, siempre con respeto, con los árbitros y siempre tuve buena relación con todos, excepto con alguno que otro que era insoportable…

-¿Con quién te peleabas mucho?

-No me acuerdo ahora el apellido. Ahora está medio desaparecido, lo guardaron un poco, me parece. Tuvo problemas con todos, uno muy arrogante.

Ese, sí. Uno entiende que se pueden equivocar… Después entran cosas que se vienen hablando respecto a los árbitros, pero yo lo único que puedo decir es que, efectivamente, un árbitro puede incidir en un resultado. Muchísimo. Si lo hacen o no lo hacen, no lo sé. No soy nadie para decirlo, pero un árbitro sí puede incidir en un resultado. Dejo a criterio de cada uno que diga lo que quiera, lo que piense. Yo no tuve ningún problema o por lo menos no me di cuenta de nada. Pero realmente uno ve algunas jugadas acertadas y otras no… Bueno, es parte de todo lo que estamos viviendo.

-Hablás de salud mental y redes sociales en tu proyecto, ¿qué reacciones percibiste cuando pasaste a Lanús?

-Ganar con Banfield para mí fue algo maravilloso. Fue algo único y me acuerdo de absolutamente todo y siempre tengo el respeto con la institución y con la gente. Vivimos en una sociedad donde se critica absolutamente todo. Años después me toca ir a Lanús y salir campeón de la Sudamericana. Más allá de que el primer equipo fue Banfield, Tengo el mismo respeto al hincha y al club. Un tipo que me putee a mí no me va a cambiar, eh, la mirada de lo que pueda decir la gente. Voy a la cancha de Lanús, he ido a jugar en contra de Lanús, me han recibido de maravilla. Fui a la cancha de Banfield con esta directiva, no con la anterior, y me hicieron una entrega de una camiseta. Bueno, la gente puede decir lo que se le cante. Yo respeto a las dos instituciones porque a mí me brindaron absolutamente todo y tuve la suerte y el orgullo de poder salir campeón con las dos camisetas, planteles diferentes. Entonces, lo otro es folclore. Por ahí hay algún insulto de algún joven o algún chico que por ahí no estuvo ni tenía idea de lo que pasó. Pero hoy se vive eso. Claro, cualquiera puede decir cualquier cosa.

-¿Cómo repartís el cariño, más allá de esos dos clubes?

-Un poquitito de todos. A ver, uno analiza también más allá del pasar por los clubes es como el hincha, ¿no? Cuando tiene algún galardón le pone alguna frutillita más a la torta. Me ha tocado disfrutar en diferentes instituciones que por ahí se diferencian un poco del resto. Me toca arrancar en Newell’s, hice seis, siete goles, me tuve que ir porque, bueno, en ese momento no me pagaban. Después Gimnasia y Esgrima La Plata que me llama, que es un club que quiero mucho también porque me dio la posibilidad de estar un tiempito ahí y después volver. Pero una institución que quiero muchísimo, donde hice más goles, es Vélez. Mirá que poder ganarte a la gente de Vélez no es para cualquiera. Es una institución muy pero muy, eh, difícil porque estuvo y está acostumbrada a ganar cosas. Mirá que en esa semifinal (de la Copa Libertadores en 2011) que yo me resbalo y erró el penal contra Peñarol, la gente estuvo cien por ciento al lado mío, también el club, la institución, los jugadores, el cuerpo técnico, todos.

-¿Qué gol elegís como carta de presentación?

-No te voy a decir un gol lindo aunque me ha tocado convertir algunos goles lindos. Elijo uno de prepo, porque yo soy así, de insistir, de ir siempre. Entonces mostraría el gol con Boca contra Fluminense, que aparezco de no sé de dónde y termino empujándola. No es un gol tan vistoso, pero es un gol ‘a lo Silva’, de persistir, de insistir. Ese gol fue un gol no tan lindo, pero es un gol que fue sumamente importante para para llegar a la final de la Copa Libertadores.

-¿Cómo era jugar con Riquelme?

-Para mí era con uno de los mayores ídolos. Justamente se va Martín (Palermo) y vengo yo. Primero era tener esa mochila de Martín, que es una mochila que va a estar toda la vida. Nadie va a superar los goles que hizo Martín. Entonces, cuando voy a Boca, por mi forma, como dije, era el juego ideal. El clásico nueve de Boca es un tipo que va para adelante, que no da ninguna por perdida, que se pelea con todo el mundo, un estilo (Adam) Bareiro. Entonces, llegar y encontrarme con Román fue único: tomar mate con él, verlo jugar, entrenar: un exquisito. Tuve el placer de compartir y de poder ganar alguna cosa con él. Si bien no fuimos muy allegados, para mí fue extraordinario.

El doping, la otra cicatriz

Aquella cicatriz que le dejó la selección no fue la única herida del fútbol. Un control antidoping positivo lo sacó de las canchas por los valores inusuales de testosterona, explicados por un tratamiento de fertilidad. Tuvo que mover el avispero para que su caso se definiera y consiguió fichar en Argentinos, hasta que llegó la sanción que parecía marcar el final del recorrido: con 40 años, era el peor final.

“No me van a retirar”, decía entonces y así fue. Se preparó para la vuelta y contagió a otros anónimos y amateurs para acompañarse en la preparación física, en una época en la que “lloraba por los rincones”. El camino siguió en Aldosivi y con sus últimos tres tantos en el Tiburón alcanzó los 160 en el fútbol argentino.

-¿Cómo la pasaste con el tema de la suspensión y el doping?

-Al principio la pasé muy, pero muy, mal. Era un tema no solo mío, sino familiar. Entonces cuando a uno le toca la familia, porque yo estaba haciendo un tratamiento de fertilidad es feo. Fue un proceso como cualquier situación fuerte que te puede tocar. Trágica sería una muerte. Pero estuve muy fuerte, aunque reconozco que en los primeros meses estuve más complicado porque no entendía el por qué. ¿Qué hice yo para merecer esto? Hay un dicho por ahí que dice ‘las mejores batallas van para los mejores guerreros’. Bueno, yo no soy un guerrero, soy una persona. Soy un tipo que intenta salir adelante en todo momento porque los momentos malos aparecen siempre. Ese fue un golpe bajo.

-Empecé a enfocarme en mí, a indagar, conocer gente que me pudiera ayudar, porque al principio no tenía sanción, pero tampoco me dejaban jugar. Di una nota en un canal de televisión y fue el boom, como si nadie estuviese enterado de lo que me pasaba. Me llamó todo el mundo, se generaron un par de reuniones y se dio la contraprueba y Argentinos Juniors señala el artículo de la ley que dice que toda persona sin condena puede seguir trabajando. Listo, a las dos semanas estaba jugando el fútbol. Yo había seguido enfocado en el entrenamiento, todos los días con mi bolsito, yendo a entrenar solo, todos los días, con lluvia, sol, eh viento o frío. Después me dan una fecha pasada el año y medio, una cosa así, y terminé enfocado en que se venciera el plazo para volver.

-¿Cómo fueron esos días?

-Con mucha gente desconocida metida en el fútbol. Gente oscura… Un día, un juez que está metido en el fútbol, que tiene algún equipito en Chile, me dice: ‘¿Vos sabes lo que hiciste Santiago?’ Fue una reunión bastante compleja, porque ese tipo no sabía si yo me cruzaba la mesa y le arrancaba la cabeza o no. ¿Qué queda de bueno de eso más allá de lo negativo? Primero que nada crecí como persona, crecí como padre, crecí como jugador. Mi cabeza se fortaleció. Me levantaba todos los días como si fuera a entrenar a cualquier club de los que me ha tocado. Agarraba mi matera, me iba, entrenaba, arranqué entrenando solo, me armaba mis circuitos. De repente aparecen dos o tres chicos porque subí alguna cosita en redes sociales para que me vieran entrenando y me dicen ‘queremos entrenar con vos’. Eran amateurs y los primeros entrenamientos, te podrás imaginar, eran diferentes, totalmente diferentes. Con el tiempo empecé a entender que ellos me querían ayudar y que yo los ayudara a ellos. Fui forjando un camino en ese en ese tiempo. Terminé con 30 o 35 tipos entrenando, cinco o seis profesionales. Yo era el profe, era el técnico…

-¿Ahí empezó a prender la semillita del DT?

– Claro. Ahí ya había terminado el curso, me recibí antes de la pandemia, o durante. Pero ahí fortalecí un montón de cosas y me gustó. Me autoexigí, los exigí a ellos para que crecieran. Al principio era cualquier cosa, al mes era otra y a los dos meses parecían profesionales. Los empecé a trabajar no solamente técnicamente, sino mentalmente. Fue una experiencia muy buena dentro de todo lo malo. Realmente la única persona que sabe lo que vivió fui yo. Lloraba por los rincones, no tenía ganas, la motivación iba y volvía

-¿Y la vuelta a Aldosivi?

– Me llama Martín (Palermo), no nos conocíamos, aunque nos cruzamos un montón de veces en cancha. Me pregunta: ‘¿Cómo estás?’ Le digo que espectacular, le di detalles de lo que me pasaba, que esto, lo otro, pero en un momento le planteo: ‘No me quedo tranquilo con lo que te digo, necesito que me veas’. Me imagino que se sorprendió. Le agradezco hasta el día de hoy por haberme llamado.

Y ahí se acabó el futbolista… ¿te quedó el contacto de Riquelme? Le podés dejar el currículum y empezar en Boca como DT…

-¡Eh! Es muy difícil. Me veo en algún futuro, sí, claro. Se trata de algo simbólico y tan grande que vos decís, ‘Bueno, pará, pará, tengamos primero algunos pasos’. Va a faltar mucho para ir a Boca. Van a faltar 4 o 5 años. Boca te demanda mucho. Más allá de que todo es tan rápido, uno nunca sabe, pero bueno, lo veo en algún futuro.

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Crédito de la fuente original: www.clarin.com