13/06/2026

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¿Será Schumpeter el economista austríaco y eslabón perdido para entender al Homus Milei?

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Joseph Alois Schumpeter fue un gran economista teórico, pero de joven un mal ministro de Economía de Austria. Ejerció el cargo en 1919, en un país devastado por la Primera Guerra y la caída del Imperio austrohúngaro. En la biografía sobre él de Thomas McCraw (Profeta de la innovación), se lo describe como alguien con “escasa cintura política”.

Después de aquel paso traumático por la función pública, Schumpeter dedicó su tiempo a la academia. Y vaya si fue prolífico: siguiendo la tradición clásica de identificar el sistema capitalista como un esquema dinámico y en permanente desequilibrio, identificó la innovación constante de los empresarios como la razón principal de la inestabilidad en la vida social, económica y política del mundo.

Schumpeter, en su Teoría del desarrollo económico, explicó aquel proceso donde las nuevas tecnologías y empresas destruyen y reemplazan a las antiguas, obsoletas o ineficientes. Había ocurrido cuarenta años antes en 1870 con el ferrocarril abaratando costos, creando mercados y destruyendo viejos empleos.

Hoy, casi 100 años después, existen dos conexiones entre la obra de Schumpeter y el programa y discurso de Milei en Argentina.

Una la identifica Ricardo Arriazu, uno de los economistas que ha tenido una lectura acertada del ciclo Milei desde 2023. Arriazu dijo en la semana que en la Argentina “la destrucción va más rápido que la creación”, describiendo el crecimiento heterogéneo de la economía.

La segunda conexión se da con otra obra de Schumpeter, Capitalismo, socialismo y democracia. Milei piensa que la democracia debe adaptarse a los cambios tecnológicos proponiendo para Argentina innovaciones legales que atraigan inversiones —en su caso en el terreno de la inteligencia artificial—, generando una tensión entre capitalismo y democracia, como sostiene el libro publicado en 1942.

Schumpeter planteó en aquel entonces una tesis provocadora: el capitalismo está destinado a colapsar, pero no por sus fracasos (como argumentaba Karl Marx) sino por sus éxitos económicos. Con el auge de las corporaciones gigantes, decía, la innovación se vuelve científica y desplaza a los empresarios más pequeños aumentando la concentración.

Sin embargo, y acá está la gran diferencia con Milei y los tecnomagnates como Peter Thiel o Elon Musk, o los economistas liberales de su época (como Friedrich Hayek), para Schumpeter la salida era conformar un gobierno socialista que regulara estas enormes corporaciones. Puesto así, la democracia no era un fin social sino un método institucional para una elite de ilustrados.

El esquema de Peter Thiel y los tecnomagnates consiste en Estados que no regulen más”, dice el exministro de Economía Jesús Rodríguez. “Schumpeter señala lo contrario, aunque hoy ya no existe tensión entre capitalismo y democracia porque hay un solo modo de producción: el capitalista”.

Schumpeter, cuando llegó a Harvard en los 30, era considerado un aristócrata austríaco que llevaba guantes de equitación mientras daba clases. Pronto sus ideas se desparramarían por su originalidad. El trabajo de uno de los ganadores del último Nobel en Economía, Philippe Aghion, es una demostración matemática de su concepto destrucción creativa.

En una conferencia para economistas de bancos centrales en Jackson Hole, Wyoming, en Estados Unidos, en 2001, el exsecretario del Tesoro Larry Summers y otro economista colaborador suyo y que unos años atrás escribió un libro influyente (Bradford de Long), declararon que “las modernas tecnologías de procesamiento y comunicación de datos” constituían “innovaciones radicales” y concluían: “La nueva economía es schumpeteriana, un proceso en el que las nuevas innovaciones transformaban la sociedad”.

Summers y DeLong creían, como Schumpeter pero también como Joan Robinson o John Kenneth Galbraith, que el marco de la competencia económica probablemente diera paso a un mundo de “monopolio natural” y “la nueva era que requeriría nuevas estructuras y normativas legales para adaptarse al cambiante panorama económico. Los problemas del futuro tendrían que ver con los derechos de propiedad intelectual, la educación y quién sabe qué otras cosas”. En ese sentido, eso mismo sostuvo Milei en un artículo reciente en FT.

El Presidente se aleja de la tradición keynesiana que procura aliviar la desigualdad: Lord Keynes decía que para poner a la gente a trabajar, los gobiernos debían proporcionar sistemas de apoyo a los pobres y a la clase media, no alivios a los ricos. Milei, en cambio, ofrece una alternativa opuesta, que se remonta al siglo XVII cuando la desigualdad era un motor de crecimiento y mejora social desde Amsterdam al mundo. El escritor e historiador israelí, Yuval Noah Harari, calificó la propuesta de Milei de “preocupante”. Quizás para el autor de Animales a Dioses la IA podría crear un estado “incontrolable”. De ahí que para Schumpeter el Estado debería volverse socialista. ¿Será el eslabón perdido entre los animales y dioses?

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Crédito de la fuente original: www.clarin.com

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