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Soldados asignados al McGregor Range Complex, en Nuevo México, aseguran que las largas filas en el comedor de la base provocan que algunos pierdan comidas o tengan que pagar de su bolsillo en otros puntos de venta.
Dos militares que hablaron con Task & Purpose bajo condición de anonimato contaron que las esperas en el DFAC, como se conoce a los comedores militares, pueden durar una hora o más y se han convertido en una situación frecuente dentro del complejo, que forma parte de Fort Bliss, Texas.
Según el reporte, las filas frente al comedor no son un episodio aislado. Imágenes y videos publicados en redes sociales desde marzo muestran grupos numerosos esperando para entrar al DFAC. Uno de los videos más recientes, difundido por una comunidad centrada en temas del Ejército, muestra una fila tan larga que la cámara debe desplazarse para captarla completa.
Los soldados consultados afirmaron que, ante la demora, algunos compañeros terminaron comprando comida en el exchange de la base o en food trucks instalados en el lugar. El problema es especialmente sensible para militares jóvenes alistados que viven en barracas y dependen del comedor como parte de su alimentación diaria.
La diferencia económica importa. Los soldados con tarjeta de comida tienen una parte de su pago retenida para cubrir el costo de los comedores militares. Si no logran comer allí y deben comprar alimentos en otro lugar, ese gasto sale de su propio bolsillo.
Rob Evans, veterano del Ejército y responsable de la aplicación Hots & Cots, señaló que un DFAC inaccesible no es una molestia comparable a que un restaurante esté cerrado. Para los soldados que dependen de ese sistema, explicó, se trata directamente de su acceso a comida.
Guy A. Volb, director de asuntos públicos de la guarnición de Fort Bliss, replicó que el comedor de McGregor Range Complex tiene una política de alimentación del 100%. Según su respuesta, ningún soldado es rechazado y cualquiera que esté en la fila antes del cierre del DFAC recibe comida.
Volb también indicó que ya se extendieron los horarios de funcionamiento del comedor y que los funcionarios trabajan para escalonar los momentos en que las unidades llegan a comer. Sin embargo, aclaró que el financiamiento actual del contrato no permite que el DFAC esté abierto todo el día, y que el tiempo necesario para preparar cada comida también limita esa posibilidad.
Lo cierto es que la base evaluará si hacen falta nuevas medidas después de implementar los horarios ampliados y la llegada escalonada de unidades. Mientras tanto, las quejas reflejan una tensión más amplia dentro del Ejército: la diferencia entre tener un sistema formal de alimentación y que ese sistema sea realmente accesible para los soldados.
El caso también se suma a otros problemas recientes vinculados con comedores militares en distintas bases. Task & Purpose recordó episodios en Hawái, Alaska, Louisiana y Georgia, donde soldados reportaron cierres, falta de personal o dificultades para usar sus tarjetas de comida.
En definitiva, la denuncia en McGregor no gira solo en torno a una fila larga. El punto central es que, para muchos soldados, el comedor no es una opción entre varias: es parte de su compensación y una necesidad diaria. Si el acceso falla, el impacto llega directo al bolsillo y a la rutina básica de quienes están en la base.
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Crédito de la fuente original: www.clarin.com
