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Parecía que el mensaje del arzobispo de Buenos Aires en el Tedeum del 9 de Julio iba a carecer de voltaje político. Los usos y costumbres de la Iglesia católica indican que después de la fuerte homilía en el oficio patrio del 25 de Mayo -en la que pidió que se deje de arengar la polarización” y advirtió sobre un “desmembramiento social”- no volvería a las definiciones fuertes. Pero Jorge García Cuerva -perteneciente a una nueva generación de clérigos- no sólo dejó de lado la estrategia eclesiástica tradicional, sino que dobló la apuesta: se convirtió en la primera alta autoridad eclesiástica en muchos años en hablar de corrupción ante un presidente de la Nación y reivindicó el concepto de justicia social denostado por Javier Milei.
Aunque como lo hace en cada reflexión por la fecha patria Garcia Cuerva dijo que le hablaba a “todos los actores de la sociedad argentina”, tras el caso protagonizado por el ex jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que el presidente sostuvo durante más de cien días, es difícil no vincular su afirmación en cuanto a que en materia de corrupción se trata de “ser y parecer”. En rigor, también es difícil no vincular su referencia a la corrupción con los gobiernos kirchneristas y su ex presidenta presa cuando habló de “algunos (que) aprovechan para dividirnos (…) escondidos en todas las épocas en cuevas de corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres y ellos, escandalosamente más ricos”.
De todas maneras, el arzobispo porteño optó por encarar el problema de la corrupción como un desafío para todos los espacios políticos y que nace de una actitud de cada persona. “No es cuestión de ser de tal o cual partido o gobierno de turno; es cuestión de ser o no honesto y transparente”, señaló. Aunque algún obispo habló en los últimos años de corrupción, la Conferencia Episcopal no hacía mención en sus declaraciones a este flagelo. En cambio, el papa Francisco lo hizo en reiteradas ocasiones y en una entrevista concedida en los últimos años de su pontificado contó un caso de un pedido de coima de un funcionario a un empresario, aunque sin dar nombres.
García Cuerva tampoco dejó pasar la ocasión de destacar la significación de la justicia social -un pilar de la Doctrina Social de la Iglesia- que Milei considera “un robo porque le saca a los ricos para darles a los pobres”. Para ello citó a León XIV en su primera encíclica Magnifica Humanitas en la que afirma que “la justicia social se reconoce por la capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos, y en particular a los más frágiles, vivir de manera realmente humana, sin que ninguno se quede atrás”. Más adelante el arzobispo advierte: “Las heridas sociales necesitan la templanza del diálogo, la justicia social y la honestidad innegociable”.
No deja de hacer mención a la situación de los jubilados, los desocupados y las personas con discapacidad, aclarando que “todos sabemos, con sinceridad, que esta realidad no es nueva y duele hace muchos años”. Pero se detiene particularmente en la problemática de la discapacidad -un área al que el gobierno le retaceó o demoró los fondos- al señalar que “tiene muchos trabajadores en proporción a las personas que atiende y, a priori, se puede pensar que es un despropósito, pero luego conociendo bien la dinámica de la institución, descubrimos que es una inversión” en la atención de “los beneficiarios, por caridad, pero también por justicia”.
Como en el tedeum anterior, reiteró su preocupación por las peleas políticas. Criticó a quienes siguen “el camino de la intolerancia, el de los enfrentamientos constantes, el de la descalificación del otro por pensar o sen distinto, el camino de la crueldad hacia los más débiles, el sendero de a discriminación por cuestiones de raza, religión o domicilio”. Aquí seguramente aludió, entre otros, a conspicuos tuiteros libertarios que en los últimos días con motivo del partido con Egipto difundieron mensajes racistas e islamófobos o al de la vicegobernadora de Mendoza, Hebe Casado, luego del partido entre Francia y Paraguay.
Por lo demás, en tiempos en que el presidente está peleado con la vicepresidenta y que en el principal espacio opositor también hay enfrentamientos entre sus principales figuras, como Cristina Kirchner con Axel Kicillof, el arzobispo abogó para que la dirigencia vuele alto y entre todos se busquen soluciones para el país. “En este 9 de Julio, día de nuestra independencia, pidamos también a Dios que nos independice del individualismo, de la competencia feroz por el protagonismo, del internismo y de la mezquindad política de querer quedarnos con los aplausos cuando hacemos algo por los demás”.
En fin, en épocas en que la capacidad de escucha de los dirigentes de las principales fuerzas políticas parece entre muy escasa y menos que cero comenzando por el presidente de la Nación, llamó a recuperar esa posibilidad “porque escuchar es la actitud básica del que quiere pensar con amplitud y apertura, del que sabe ampliar sus límites estrechos, del que se abre a la realidad para dejar interpelar sus propios esquemas mentales”. En ese sentido, exhortó a los argentinos a realizar “un gran examen de conciencia colectivo”, no mirando “al costado, buscando responsables eternos”.
Al final, en medio del fervor por el Mundial, apeló a una cita de Lionel Messi sobre la importancia del trabajo mancomunado. “Valoramos que el trabajo sea en equipo, sigamos con la camiseta puesta y con pasión hagamos realidad el mensaje que Lionel Messi publicó alguna vez en sus redes sociales”, abogó. Eso sí, reconoció a todos los que cotidianamente “se ponen la patria al hombro”. El presidente, como siempre, no criticó los conceptos de García Cuerva confirmando que la Iglesia católica -y las religiones en general- no son hasta ahora objeto de sus habituales filípicas.
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