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Cuando se empezó a hablar, hace casi dos años, de una posible serie sobre la vida de Moria Casán se tejieron mil teorías acerca del tono, de lo qué se contaría, de lo que no se contaría, de una probable estética estridente, de los filtros que podía llegar a poner La One, se dijo de todo. Y nada de este tsunami de hipótesis estuvo cerca del fenómeno en el que finalmente se convirtió Moria, la biopic que el 14 de agosto estrenó Netflix y que aún hoy sigue estando en el boca a boca de las recomendaciones. Y, además, estuvo seis semanas en el Top Ten argentino de la plataforma.
Es, sencillamente imperdible, dicho esto con toda la subjetividad del caso, pero también con los argumentos que ofrece esta producción de ocho episodios que la desnuda -conceptualmente- en cámara con sus luces y sus sombras.
Con 80 años recién cumplidos -los cumplió dos días después del estreno- y un pasado artístico como vedette, actriz y conductora, pero especialmente como referente para muchas generaciones, la protagonista de este cuento -que de hada tiene poco, y de real tiene todo- reconoce que “emocionalmente, la serie está en onda Matrix, transformándonos todo el tiempo… Es como una Matrix emocional, porque lo que provoca en la gente me impresiona, más que lo que me provoca a mí”.
-De todo y me hace bien que eso me pase. Yo fui como la biógrafa de la serie, porque conté mi vida a mi grupo hermoso, para que los guionistas captaran mi ADN. Y fueron clave también las charlas que tuve con (Javier) Van de Couter, el director. Esto tuvo una mística muy particular. Y se transformó a partir del momento en el que la última que entró, para interpretar a Moria joven, fue mi hija, porque no encontraban a una actriz que pudiera tener mis características siendo joven, se les hacía muy difícil.
La mujer cuyo rostro sigue empapelando buena parte de los afiches callejeros a cuento de este hit del streaming habla por momentos en tercera persona, y “no porque quiera poner distancia, porque yo soy ésa que se ve ahí, sino porque es la Moria que compusieron divinamente las tres actrices que hacen de mí”, aclara sobre el trabajo de Sofía Gala Castiglione (su hija, que la representa en los tres primeros episodios), Griselda Siciliani y Cecilia Roth, en distintas etapas de su adultez.
“Moria no es sólo el flequillo, el pelo, las tetas… es el ‘mi amor’ y todos los dixit de toda mi vida, no solamente mis frases de cuando estuve en el Bailando o en determinadas entrevistas. Mi primera gran frase fue cuando dije ‘Argentina, país de cabotaje’ en pleno proceso militar y fui tapa de una revista y muchos dijeron ‘Guau, esta piba tiene que seguir por esto’. Y luego tiré la del ‘Bozal legal’ que me inventé en la oficina de la (Ana) Rosenfeld”, repasa sobre sus latiguillos de marca registrada que ya son remera.
-¿Te esperabas que la serie se convirtiera en este fenómeno, que ya pinta para ser una de las más vistas del año?
-La realidad superó todo. Siento que es una especie de gestación, nacimiento y puerperio. Es un ciclo que no llega a duelo porque vuelve a nacer: fijate todo el tiempo que estuvo entre las más vistas de Netflix aquí y de varios países. Ha estado quinta a nivel global los primeros quince días, hago nota por todas partes, me han llamado de España, de Perú, de Chile, de Ecuador, de Paraguay. Es una locura hermosa la que generó esto.
-Y la gente en la calle, ¿qué te dice?
-Hoy tuve que ir a hacer un trámite al banco y bajaron todas las empleadas. Todas estaban conmocionadas, cada escena le movía algo a alguien. Y el chico que me atendió lloraba recordando cada momento. Es muy loco, porque en una época en la que no hay ficción mi realidad ficcionada, pero sin careteo y siempre con verdad, provocó que cada uno se hiciera la novela de su vida.
Soy lo que soy (y la madre que soy)
Gran entrevistada y siempre contestando sin apuro ni condiciones, Moria entiende que “esta historia les movió la estantería a muchos. En 8 capítulos se concentraron 80 años de mi vida. Sé que hay gente que la vio varias veces. Y este grupito del banco me contaba sus distintos planes para ver la serie y comentarla, porque abre muchas puertas. Y mientras me decían todo eso lloraban. Nunca me pasó en la vida con ningún otro trabajo”.
-Pero lo llamativo es que de vos se sabía bastante. Y, sin embargo, aún para los más grandes, la biopic parece ir más allá de lo conocido.
-No se agregó ni se quitó nada de lo que viví, está todo puesto sobre la mesa, lo bueno, lo malo, todo. Y noto que la gente necesita verla, es inédito. Creo que todo el mundo se siente interpelado por la relación madre e hija, todo el mundo siente que en algún momento tuvo que soltar algo en relación a su pareja, es una serie que movió el cuadro emocional del que la vio. Y pasa el tiempo y los comentarios no aflojan, como si estuviéramos en la primera semana. La pregunta clásica es ‘¿Viste la serie de Moria?’.
-¿Siempre estuvo la idea de que el foco fuera la relación madre e hija?
-Quedó como la historia de amor de una madre y una hija y no tiene nada que ver con lo que yo esperaba que se hiciera.
-No esperaba nada, porque di libertad absoluta, ni siquiera quise auditar los guiones, salvo en el último momento (en su rol de productora general) que me daban algunos y yo retocaba alguna cosita porque sentía que ésa no era mi manera de hablar o decir. No fui a ver ninguna escena, ni me metí con las luces, ni le pedí nada al director. Lo cual es un respeto por quienes la hacen: mi grupo queer maravilloso, que entendió mi código, mi ADN absoluto. Es la mirada de alguien de la diversidad… ojo que para mí la diversidad no es lo gay, lo trans. Para mí trans es transgredir, es no ir con la manada.
-¿No pusiste condiciones ni pediste cosas puntuales?
-Nada. Dejé volar la libertad de quienes la hicieron, y quienes la hicieron me interpretaron, entendieron todo lo sensible. Por eso me encantó el modo de laburo, cada uno haciendo lo suyo, sin romper las pelotas. Porque si quiero dirigir me pongo al frente y listo, pero si no dirijo, si no escribo, si no ilumino, dejo y confío. Y ganamos todos.
Y como si revisara su última respuesta porque algo le está haciendo ruido aclara: “No, pará, acoté algo en un texto y pedí que una escena fuera más fuerte todavía. Yo quería que derrochara verdad. Si algo le pedí puntualmente a Van de Couter fue que no romantizaran mi vida”.
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Tráiler oficial de “Moria”
Conductora de La mañana con Moria, a las 9 por El Trece, y protagonista (junto a Jorge Marrale) de Cuestión de género (en el Metropolitan), confiesa que la vio completa tres veces: en “crudo” con todo el equipo, en la premiere de Netflix y el día del estreno. Clarín le pide que arme el podio de sus escenas favoritas y dice.
- “La primera y la última, porque termina un poco como empieza, en mi fiesta de 80 y ahí entro en diferentes portales. En el final se repite el comienzo: la titiritera del universo, la que construye su vida y, en su celebración, saluda a todos los que formaron parte de ella”.
- “Y la escena en la que Moria joven lo echa Castiglione (Mario, el padre de su hija), le dice que se baje, que deje de boicotearla y le pregunta hasta cuándo se lo va a cobrar. El dolor de ella y el dolor de él… que no pudieron resolverlo. Se baja del coche y ella, o sea yo, o sea mi hija en el rodaje -te das cuenta de que constelamos todo el tiempo, es cuántico esto- mira por el espejo retrovisor y ve cómo se va y cómo ese llanto la inunda, pero luego fija la vista para adelante. Esa escena es en la que yo decido ‘Bueno, vos ya me diste un hijo, ahora no me rompas mas las pelotas, bebé, tomátelas. Basta’. Y se tardó para eso, pero fueron ocho años, que no es moco de pavo. Nunca diría ‘Síndrome de vida perdida’ ni nada. Siempre hice lo que quería, lo que me iba a fortalecer”.
Y como juntó la primera y la última, que bien podrían ser una, suma, generosa, otra escena:
- “Cuando Sofía (haciendo de su mamá) queda embarazada de ella misma. Porque el día que realmente quedé embarazada sentí: ‘Acabo de quedar embarazada’. Eso le conté a los chicos y lo pudieron poner en emoción. Me transformaron en humana, con luces y sombras”.
¿Se viene la segunda temporada?
-¿Viste alguna otra biopic argentina?
-Vi la de (Carlos) Tevez, es bastante buena y ahí mi hija hace de su madre, pero no golpea porque no está hecho por ellos, está hecho por otros. Y vi la de (Diego) Maradona, que me gustó, pero son relatos lineales. Acá hay un golpe de timón diferente: la persona de la que se habla también actúa, y no sólo hago de titiritera con las maquetas, actúo con mi presencia y mi voz en off. Y que una de las tres que hacen de mí sea mi hija ya es too much.
Orgullosa de una vida que se hizo pública en el mundo gracias al streaming -y recalca también su gratitud a About, la productora de Armando Bo– se define a lo Moria: “Soy el blanco y negro de la tele y el color del teatro de revistas. Soy la que bajó la escalera de la Facultad de Derecho y el mismo día estaba en un teatro de revistas. No debe haber mucho personaje parecido a éste”.
Juega con la tercera persona del singular, pero maneja el “yo” como pocos, sin culpa y con valentía. Multipremiada este año (Personalidad Emérita de la Cultura de la Nación, Premio Enrique Pinti a la trayectoria teatral y Ciudadana Ilustre de Ituzaingó), no cree que haya un Moria 2: “No sé si haría una segunda parte, porque ésta es perfecta, pero…”.
Cuentan, en los pasillos del streaming, que hay un jugoso material de backstage que bien podría convertirse en un documental. En una suerte de ‘Cómo se hizo’. Algo así como lo que no se vio de cómo Ana María Casanova se transformó en La Casán.
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Crédito de la fuente original: www.clarin.com
