Utilice este título Los verdes chocan contra Burnham en el norte de Londres y cree en base a ese titulo original un titulo nuevo, preciso, comprensible y que no pierda relacion con el titulo original. Necesito que me devuelvas solo y nada mas que el titulo nuevo.
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Después de más de cuatro décadas de cubrir elecciones, el periodista e historiador Andrew Marr descubrió este otoño europeo un placer nuevo, el de ser el votante que todos quieren conquistar. Marr fue editor político de la BBC y escribe desde 2022 en la revista británica New Statesman. Vive en Holborn y St Pancras, una circunscripción del norte de Londres que lleva el nombre de dos de sus barrios y elige a un solo diputado.
En septiembre le tocaron el timbre a Andrew Marr los laboristas y también, en persona, el líder del Partido Verde, Zack Polanski. En su columna contó que asentir, asentir y prometer que lo iba a pensar le daba una sensación de poder casi embriagadora.
Sus vecinos terminaron de pensarlo el jueves 8 de octubre. La laborista Sagal Abdi-Wali se impuso con 12.292 votos, el 45%, frente a los 8.928 de Polanski, quien reunió para los Verdes el 32,7%. Los conservadores quedaron terceros, con el 7%, y Reform UK, el partido de Nigel Farage, cuarto, con el 5,9%. Votó apenas el 38,76% del padrón.
La comparación con la elección anterior ayuda a dimensionar el resultado. En las generales de julio de 2024, Starmer había ganado esa misma banca con el 48,9% y los verdes apenas habían sacado el 10,4%.
A primera vista, el laborismo perdió casi cuatro puntos y los verdes ganaron más de 22. Pero ese salto verde engaña un poco.
En 2024, el segundo puesto había sido para Andrew Feinstein, un activista propalestino que se presentó como independiente de izquierda y sacó el 18,9%. Esta vez no fue candidato, y buena parte de sus votantes se volcó a los verdes. Si se suman los votos que en 2024 sacaron Feinstein y los verdes, el 29,3%, el crecimiento real de los verdes en 2026 fue de poco más de tres puntos. Un avance casi estancado.
¿Por qué tanto ruido por una sola banca, de las 650 que tiene la Cámara de los Comunes? Porque en el Reino Unido las elecciones parciales, las que se convocan para cubrir una banca vacante, funcionan como un termómetro del humor político entre una elección general y la siguiente. Y esta tenía todos los condimentos. La dejó libre un ex primer ministro, la disputó en persona Zack Polanski, líder del Partido Verde, la fuerza que más creció en el último año, y fue la primera prueba en las urnas para el laborista Andy Burnham, quien asumió como primer ministro el 20 de julio.
Una banca con historia
Holborn y St Pancras es territorio laborista desde su creación, en 1983. Frank Dobson la ocupó durante 32 años, y Keir Starmer, durante 11.
Starmer anunció su renuncia al liderazgo laborista el 22 de junio y dejó el cargo de primer ministro el 20 de julio de 2026. El 1 de septiembre comunicó que también abandonaba su banca, para dedicarse a los asuntos internacionales.
El detalle puede sorprender al lector argentino. En el Reino Unido no se vota al primer ministro de manera directa. Se eligen 650 diputados, uno por circunscripción, y el líder del partido que reúne la mayoría en la Cámara de los Comunes se convierte en primer ministro. Por eso, si ese partido cambia de líder, cambia también el primer ministro, sin necesidad de nuevas elecciones generales. Los laboristas conservan la enorme mayoría que ganaron en 2024, y así llegó Burnham a Downing Street, la residencia oficial del jefe de gobierno.
Los laboristas conservan la enorme mayoría que ganaron en 2024, y así llegó Burnham a Downing Street, la residencia oficial del jefe de gobierno. Foto: Dan Kitwood
Cómo llegó Burnham a Downing Street
En julio de 2024, el laborismo ganó 411 de las 650 bancas, casi dos tercios de la Cámara, con apenas el 33,7% de los votos, y terminó con 14 años de gobiernos conservadores.
La clave fue el sistema electoral. En cada circunscripción gana el que saca más votos, aunque no llegue a la mitad, y la oposición estaba partida. Los conservadores se derrumbaron al 23,7%, y Reform les sacó votos por derecha sin ganar casi bancas. Con el 14,3% de los votos, el partido de Farage obtuvo apenas cinco diputados.
Uno de ellos fue el propio Farage, que tras siete intentos fallidos logró por fin entrar a la Cámara de los Comunes, por la circunscripción costera de Clacton.
Farage logró por fin entrar a la Cámara de los Comunes, por la circunscripción costera de Clacton. Foto: Henry Nicholls
La luna de miel de Starmer duró poco. Reform UK encabezó las encuestas durante casi 18 meses, y el laborismo llegó a hundirse. En un sondeo de YouGov de marzo de 2026, Reform lideraba con el 23%, seguido por conservadores y verdes con el 19% cada uno; el laborismo tenía el 17%, y los liberaldemócratas, el 14%. Cinco partidos entre el 14% y el 23%, algo inédito en la política británica.
Las urnas confirmaron el diagnóstico. En febrero de 2026 llegó el primer revés, en Gorton y Denton, una circunscripción del Gran Manchester que el laborismo ganaba desde hacía más de un siglo y que en 2024 había retenido con el 50,8%.
Esta vez, la verde Hannah Spencer ganó con el 40,6%, Reform quedó segundo con el 28,7% y el laborismo, tercero con el 25,4%. Fue la primera vez en su historia que los verdes ganaron una elección parcial y su primera banca en el norte de Inglaterra.
El segundo traspié del laborismo llegó en mayo, con Starmer todavía como primer ministro, en las elecciones municipales de Londres, donde se eligieron los 1817 concejales de los 32 distritos de la ciudad.
El laborismo, que tenía 1156, perdió unos 460 y quedó con 696. Aun así, siguió siendo el partido con más concejales, pero pasó de controlar 21 distritos a solo 9. Fue su peor resultado en la capital desde 1968.
Los verdes, en cambio, pasaron de 18 a 279 concejales y ganaron el gobierno de tres distritos, entre ellos Hackney y Lewisham, este último tras 55 años de control laborista.
La salida estaba en el norte. Andy Burnham, exministro de Salud de Gordon Brown y alcalde del Gran Manchester durante casi una década, era el dirigente laborista mejor valorado, pero tenía un obstáculo. Las reglas del partido exigen ser diputado para competir por el liderazgo. El diputado de Makerfield, Josh Simons, renunció para abrirle el camino, y el 18 de junio Burnham ganó esa elección parcial con el 54,8%, frente al 34,5% del candidato de Reform. Cuatro días después renunció Starmer, y Burnham fue electo líder sin rivales.
En clave argentina, sería algo así como un gobernador o un intendente poderoso que construye su autoridad en el territorio y después la lleva a la política nacional. El “rey del norte”, como lo apodan a Burnham, llegó a Downing Street con legitimidad propia.
El “rey del norte”, como lo apodan a Burnham, llegó a Downing Street con legitimidad propia. Foto: Christopher Furlong
Por qué Holborn y St Pancras fue una buena elección para el laborismo
Para entender el resultado vale la pena escuchar a David Aaronovitch, uno de los columnistas más filosos de la prensa británica. Escribió casi 18 años en el diario The Times, conduce el programa The Briefing Room en BBC Radio 4 y es autor de Voodoo Histories, un libro sobre teorías conspirativas. Desde 2023 escribe Notes from the Underground, un Substack que vale la pena seguir.
Aaronovitch se dio el gusto de decir “te lo dije”. Tras las municipales de mayo, buena parte del comentario político daba por hecho que los verdes podían quedarse con la banca de Holborn y St Pancras, y él había anticipado lo contrario.
Sin los votos que en 2024 habían ido a Andrew Feinstein, el activista propalestino que se presentó como independiente de izquierda, la ola verde casi no creció. Y los verdes perdieron con Zack Polanski como candidato, su figura más conocida y la más carismática, de modo que no pueden culpar al candidato.
Hay, además, un revés más profundo. Tras ganar Gorton y Denton, Polanski sostuvo que votar a los verdes era la forma de derrotar a Reform, y repetía que su partido iba a reemplazar al laborismo. Era su gran argumento para atraer votantes de otros partidos. “Si querés frenar a Farage —decía en esencia—, votanos a nosotros, que somos los que podemos ganarle”. Holborn le quitó ese argumento, porque los votantes que querían cerrarle el paso a la derecha eligieron al laborismo.
Para el laborismo, en cambio, el resultado vale doble. En el Reino Unido, las elecciones parciales suelen ser la ocasión ideal para castigar al gobierno, y es raro que el partido gobernante las gane a mitad de mandato. Por eso, según el encuestador Peter Kellner, retener la banca es un buen resultado para cualquier gobierno. Para el laborismo de Burnham, todavía más, porque llegó a la votación golpeado y con los verdes en ascenso. La banca estaba ahí, servida para quien quisiera llevársela, y los verdes no supieron tomarla.
Burnham, en lo personal, ya puede mostrar tres victorias en tres elecciones: la alcaldía de Manchester, Makerfield, la banca que le permitió volver al Parlamento y llegar a primer ministro, y ahora Holborn y St Pancras.
Otro dato llamó la atención. Los conservadores salieron terceros, por delante de Reform. En las generales de 2024, los tories habían sacado muchos más votos que el partido de Farage, pero en el último año Reform los había desplazado como la principal fuerza de la derecha, en las encuestas y en las urnas.
De todas las elecciones parciales celebradas en circunscripciones de Inglaterra desde las generales de 2024, Holborn y St Pancras fue la primera en la que los conservadores quedaron por delante de Reform como la principal fuerza de centroderecha.
Y la ganadora tiene su historia. Sagal Abdi-Wali nació en Somalia, llegó al Reino Unido de chica y es la primera mujer que representa a Holborn y St Pancras. Hasta ahora lideraba el Concejo de Camden. Su campaña se concentró en tres temas: la gente en situación de calle, las empresas de agua y las oportunidades para los jóvenes, bajo el lema “For Hope” (“Por la esperanza”), en sintonía con el mensaje de esperanza que la dirigencia laborista asocia con Burnham.
Durante la campaña, Zia Yusuf, vocero de Interior de Reform, atacó su candidatura por haber nacido en Somalia. Ya electa, ella respondió que su triunfo era una victoria de la diversidad.
Burnham, en lo personal, ya puede mostrar tres victorias en tres elecciones.
Un tiro en el pie
La campaña verde tropezó con su propio congreso. El fin de semana previo a la votación en Holborn y St Pancras, unos 1800 afiliados verdes reunidos en Brighton aprobaron una resolución partidaria que declara que “el sionismo es racismo” y que propone un único Estado palestino democrático en toda la Palestina histórica. En criollo, un mapa sin Israel como Estado judío.
Rechazaron la moción cuatro de los cinco diputados verdes y Caroline Lucas, la primera diputada verde de la historia y exlíder del partido, la calificó de peligrosa y divisiva. Polanski no participó de la votación porque estaba en campaña en Holborn y St Pancras. Tras la derrota, dijo que coincidía con la sustancia de la resolución, pero no con que su partido pretendiera definir el futuro de la región. Israel la calificó de antisemita y le prohibió a Polanski, quien es judío, la entrada al país.
La declaración “el sionismo es racismo” fue un error en todos los planos. No cambia nada en Medio Oriente, porque ningún partido británico va a decidir el destino de Israel ni el de los palestinos.
Como escribió David Aaronovitch, “el Estado que peleó en la guerra de Yom Kipur no va a autodisolverse porque a un cheto progre de Stoke Newington se le cante”.
La moción llegó, además, en la peor semana posible. Los verdes necesitaban hablar de los temas de su campaña, como el control de los alquileres, el cambio climático y la estatización de Thames Water, la cuestionada empresa de agua de Londres. Y, sobre todo, les dice a buena parte de los judíos británicos, para quienes la existencia de Israel forma parte de su identidad, que eso los vuelve racistas. Todo, en un país sacudido por ataques antisemitas, como el apuñalamiento de dos judíos en Golders Green, en el norte de Londres, y el atentado contra una sinagoga de Manchester.
Burnham olió sangre. En la sesión semanal de preguntas al primer ministro condenó sin matices la consigna de que el sionismo es racismo, la calificó de antisemita y descartó cualquier acuerdo con los verdes mientras siga vigente. Al día siguiente, el laborismo les dio a los verdes siete días para repudiarla en los concejos donde comparten el poder, bajo amenaza de romper esas alianzas en 18 distritos.
No hay forma de medir cuántos votos le costó la moción a Polanski, pero las encuestas muestran el daño. Según una encuesta de YouGov del 7 y 8 de octubre, el 34% de los británicos cree que los verdes tienen un problema serio de antisemitismo, contra el 25% que opinaba lo mismo en mayo. Es el mismo porcentaje que le atribuye ese problema a Reform, la derecha antiinmigración de Farage.
La lección cruza el Atlántico. En Londres viven unos 145.000 judíos, según el censo británico de 2021. La Argentina, que no pregunta por la religión en sus censos, tiene la comunidad judía más grande de América Latina, estimada entre 200.000 y 280.000 personas según la definición que se use, la mayoría en Buenos Aires. Es, además, el país que sufrió los atentados contra la Embajada de Israel, en 1992, y contra la AMIA, en 1994, que dejaron más de un centenar de muertos. Holborn y St Pancras sugiere que el antisemitismo, o lo que buena parte del electorado percibe como tal, también pierde elecciones. Es una lección que la política argentina, y en especial el peronismo, haría bien en tomar en cuenta.
Starmer llegó a la jefatura laborista, en 2020, con una herida propia. La familia de su mujer es judía y, según cuenta su biógrafo Tom Baldwin, en los años de Corbyn, en la sinagoga a la que a veces llevaban a sus hijos le preguntaban qué le había pasado a su partido; él, que integraba el gabinete en las sombras de Corbyn, llegó a pensar en renunciar. Ya como líder, prometió “Nunca más” y cumplió.
En octubre de 2020, el organismo oficial británico contra la discriminación concluyó que, bajo Corbyn, el laborismo había hostigado y discriminado a afiliados judíos; Corbyn respondió que el problema había sido exagerado por razones políticas, y el partido lo suspendió ese mismo día. Starmer nunca le permitió volver a ser candidato laborista. Quizá ese giro, que devolvió al partido al centro y lo llevó de vuelta al gobierno, sea su mayor aporte a la política británica.
Lo que dicen las encuestas
¿Y Burnham? A fines de julio, tras sus primeras dos semanas en el cargo, el laborismo quedó primero en las encuestas por primera vez desde abril de 2025. Tres meses después, sigue al frente.
El último sondeo de YouGov, del 18 y 19 de octubre, le da al laborismo el 27%, seguido por los conservadores con el 23%, Reform con el 22%, los liberaldemócratas con el 11% y los verdes con el 10%. Restore Britain, el partido que fundó Rupert Lowe, un exdiputado de Reform que rompió con Farage y se ubica todavía más a la derecha, suma un 3%. Opinium, en su medición del 7 de octubre, también pone primero al laborismo, con el 29%, frente al 23% de Reform y el 20% de los conservadores.
Los conservadores también avanzan. En los dos últimos sondeos de YouGov, del 11 y 12 y del 18 y 19 de octubre, marcaron el 23%, su mejor registro desde enero de 2025, mientras Reform tocaba su nivel más bajo.
Laboristas y conservadores suman juntos el 50% de la intención de voto, el máximo desde enero de 2025, contra un piso del 32% en marzo. El viejo bipartidismo da señales de vida. Reform, que parecía imparable, retrocede por varios frentes. Lo golpeó una serie de escándalos financieros, y Restore Britain le quitó votos por derecha.
La imagen de Burnham, eso sí, empieza a gastarse. En agosto, según YouGov, quienes tenían una opinión favorable de él superaban por 13 puntos a quienes lo veían mal. Hoy esa diferencia se redujo a cuatro puntos, con un 46% de opiniones favorables y un 42% de desfavorables, el nivel de rechazo más alto desde que asumió.
Aun así, sigue siendo el único líder con más aprobación que desaprobación, y la comparación con Farage lo favorece, ya que al líder de Reform lo ve mal el 67% de los británicos.
YouGov usa una técnica llamada MRP, que estima el resultado en cada circunscripción a partir de grandes encuestas. En 2024, su última proyección antes de la elección le daba al laborismo 431 bancas, y ganó 411. Para gobernar solo, un partido necesita 326 de las 650. El modelo más reciente proyecta un Parlamento sin mayoría propia, con el laborismo como primera fuerza con 241 bancas, a 85 de la mayoría absoluta, seguido por los conservadores con 130 y Reform con 123. Un año atrás, el mismo modelo le daba a Reform 311 bancas, a un paso de gobernar solo.
El voto útil sin ballotage
Como no hay segunda vuelta, cada votante tiene que decidir en una sola elección a quién apoyar para frenar al candidato que más rechaza. Hoy el rasgo más firme del electorado británico es la decisión de buena parte de los votantes de izquierda y de centro de no dejar entrar a Reform.
Según Peter Kellner, la política británica se divide en dos grandes bloques, uno de izquierda y otro de derecha, y gana quien une el propio y divide el ajeno. Por eso, a Farage le conviene que a los verdes les vaya bien y a los conservadores, mal. Cuanto más partido esté el bloque de enfrente y más unido el propio, mejor para él.
La conclusión de Holborn es clara. El laborismo de Burnham se consolida como el refugio de los votantes que quieren cerrarle el paso a Reform, y les quita a los verdes la bandera del voto útil.
Lo que se viene
Burnham logró transmitir que tiene una idea, una visión y un perfil humano, justo lo que muchos votantes sentían que le faltaba a Starmer. Lo difícil viene ahora, que es cambiar algo a tiempo para que los votantes se lo reconozcan, algo que depende de factores que nadie controla.
La guerra con Irán, por ejemplo, complicó los planes para reactivar el crecimiento, y el primer ministro ya deja entrever que las grandes transformaciones llegarían en un segundo mandato. El actual vence en 2029, y la próxima elección general debe celebrarse, a más tardar, a mediados de agosto de ese año. La primera prueba de fuego será el Presupuesto del 28 de octubre, el plan anual de impuestos y gastos que presentará el ministro de Hacienda, John Healey. Ahí se verá si el gobierno sube impuestos o recorta gastos, dos decisiones que nunca suman votos. La oposición conservadora ya lo acusa de preparar subas de impuestos.
Por ahora, una elección anticipada para aprovechar el buen momento parece descartada. Burnham no la necesita porque tiene una mayoría enorme hasta 2029, y antes tiene que superar la prueba del Presupuesto. Además, una elección convocada ahora caería en pleno invierno británico, una época que los partidos suelen evitar. La de diciembre de 2019 fue la primera elección general en ese mes desde 1923.
Holborn y St Pancras no cambia por sí sola el mapa británico, pero deja varias señales. El laborismo volvió a ser la fuerza dominante del progresismo británico, después de meses en que los verdes le disputaron ese lugar. Los verdes descubrieron los límites de una ola que se alimentaba, en parte, de votos prestados. Reform ya no parece invencible, y los conservadores, que parecían condenados a desaparecer, vuelven a respirar.
Burnham tiene ahora algo que Starmer había perdido, tiempo y confianza. La pregunta es cuánto le van a durar.
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Crédito de la fuente original: eleconomista.com.ar
