08/01/2026

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Bonos de carbono, otra industria sin humo que comienza a traer dólares

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El desafío es encontrar un país que sea uno de los mayores productores de soja, de maíz y de trigo. Que también figure entre los mayores productores y exportadores de carne. Con un mar abundante donde la pesca sume al PBI. Con riqueza en minerales como el litio y con buen potencial en oro y cobre. El petróleo convencional no puede faltar y debe tener una de las principales cuencas de petróleo y gas no convencional. Por si esto no basta, tiene que contar con una buena producción de bonos de carbono.

¿Existe un Estado que pueda contar con toda esta riqueza natural? Piense y seguro que adivina. Ya lo tiene, sí, ese país es la Argentina.

Si bien el Gobierno no se caracteriza por tener un discurso pro medioambiente, lo cierto es que tampoco pone palos en la rueda a otra de las industrias sin humo. Esta industria tiene cada vez más jugadores y la Argentina es uno de los lugares privilegiados para obtener certificados de carbono gracias a los montes del norte del país. Según los analistas, la Argentina también se puede convertir en una potencia de la emisión de certificados de bonos de carbono.

Hoy hay en la Argentina 47 proyectos que ocupan una superficie de 798.894 hectáreas. La mayor parte de estos proyectos está ubicado en las provincias del norte y litoral del país. Al mismo tiempo, la industria emplea a 1.835 trabajadores.

¿Qué es un bono de carbono?

Un bono o crédito de carbono es una unidad certificada de resultados de reducción de emisiones, emisiones evitadas o de captura de gases de efecto invernadero (“GEI”).

La certificación de la captura y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero generan créditos de carbono que se comercializan a nivel nacional e internacional. Los compradores son, principalmente, empresas que buscan equilibrar su huella de carbono, ya sea para cumplir exigencias gubernamentales (mercados internacionales por Art.6 del Acuerdo de París) o por compromisos voluntarios (Mercados Voluntarios).

Un crédito de carbono representa 1 tonelada de dióxido de carbono equivalente (CO2eq) capturada o reducida mediante acciones que incluyen la producción agropecuaria y forestal, la eficiencia energética, las energías renovables, el transporte y la gestión de residuos, entre otros. El proceso para que esos bonos obtengan una certificación de valor determinado se mide básicamente por el tamaño que van adquiriendo año a año los árboles medidos en un predio determinado y también certificado.

Con especial foco en el sector del carbono agropecuario y forestal, la Mesa Argentina de Carbono impulsa un plan que busca desbloquear entre US$ 460 y US$ 2.377 millones anuales en ingresos por la venta de créditos de carbono y US$ 2.200 millones a 2030 en inversiones para el desarrollo e implementación de proyectos de carbono. La cifra no es nada despreciable teniendo en cuenta que hoy Vaca Muerta, el cuarto reservorio mundial de petróleo no convencional, exporta alrededor de US$ 8.000 millones.

La propuesta no es restrictiva en cuanto a la producción, sino que ve a los proyectos de carbono como un complemento de la producción agropecuaria y forestal, generando financiamiento adicional. Para generar créditos de carbono no se requiere de inversión o financiamiento público, pero sí se requiere que el Estado pueda garantizar las condiciones para que el sector se desarrolle.

La respuesta del Gobierno hay que buscarla en la web de la Jefatura de Gabinete, donde describe que la Estrategia Nacional para el Uso de los Mercados de Carbono (ENUMeC), tiene como objetivo crear un marco común para el uso de los mercados a nivel nacional. Con ello, busca propiciar las condiciones habilitantes para el desarrollo de proyectos en el país, contribuir a la mitigación y a la adaptación, y brindar transparencia, integridad y certidumbre para los actores involucrados.

La principal empresa de recuperación de bosques que recibe certificaciones de bonos de carbono en el país es Nideport, startup fundada por argentinos especializada en restauración ecológica y cofundadora de la cámara climatech argentina y la mesa argentina de carbono. Anunció avances clave en su estrategia de generación y comercialización de créditos de carbono de alta integridad, tras la certificación internacional de su proyecto Vida Nativa, uno de los más relevantes del mundo.

Tras cinco años de desarrollo, la creación de tecnología propia de monitoreo ambiental y una inversión de US$ 7 millones aportados por fondos internacionales, Nideport es una de las empresas líderes en restauración de bosques a nivel global. Su modelo integra inteligencia artificial, drones autónomos, sensores e imágenes satelitales, permitiendo monitoreo continuo y gestión precisa del territorio a distancia.

En definitiva los bonos de carbono no salvarán a la Argentina, pero ya comenzaron a generar dólares a una economía que los necesita.

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Crédito de la fuente original: www.clarin.com

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