04/04/2026

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Dos días después de Pearl Harbor (1941), el economista estadounidense John Kenneth Galbraith, que era el número dos de la Oficina de Administración de Precios, ordenó congelar las ventas de neumáticos a fin de preservar el caucho para las necesidades militares en plena Segunda Guerra Mundial. En los meses siguientes racionalizó la nafta, la manteca, los cigarrillos, el azúcar, los zapatos, la comida enlatada y hasta la fruta. El objetivo era enfocar y encauzar la producción en el esfuerzo bélico. “No puedes tener quinientos bombardeos al mes y que a la vez todo siga igual”, dijo Leon Henderson, el jefe de Galbraith.

En una situación así, ¿qué señales enviaría el mercado a los precios si no es al alza? ¿Y qué ocurre si un gobierno tiene como objetivo bajar la inflación? Quizás las fallas de mercado no existan pero que las hay, las hay.

Viniendo a la actualidad y a la guerra en Irán, ¿seguirá la presión sobre el precio del petróleo y su impacto en la inflación una vez que se acabe la disputa, o volverá a como era antes? Previo al conflicto, más de 100 buques cruzaban por la ruta del estrecho de Ormuz, lugar por donde pasa un quinto de la producción global de crudo. Hoy no lo hacen más que un puñado y pagando una fortuna al gobierno iraní.

En el mientras tanto, el efecto en el surtidor se hace sentir y los gobiernos deben intervenir. Argentina lo hizo principalmente a través de YPF, la empresa petrolera mixta (pública-privada) que controla el 60% del mercado local de la nafta.

El miércoles a la noche el presidente de YFP, Horacio Marín, anunció que la petrolera mantendrá los precios estables durante 45 días. En ese lapso, la compañía no trasladará a los surtidores las futuras variaciones en la cotización del barril de petróleo Brent, el principal componente del valor de la nafta. La medida llega en un contexto de aumentos en el crudo por la guerra en Medio Oriente. Esta semana tocó los US$109.

No se trata de un congelamiento estricto porque en el precio del surtidor influyen otros costos como la cotización del barril internacional, impuestos, precio de los biocombustibles y el tipo de cambio. Pero el Gobierno busca tener un control sobre la ecuación de alguna forma con esta medida. Se calcula que el impacto en la inflación del aumento de la nafta por cada punto que sube, teniendo en cuenta el alza en los costos logísticos y de distribución, es de 0,50 puntos porcentuales en el índice de precios al consumidor.

Los congelamientos sobre precios y costos de producciones que hacen los privados suelen tener principalmente dos problemas. Primero, las fechas. Marín habló de 45 días. ¿Pero qué ocurrirá el día 46? Todas las miradas estarán puestas ahí y en función de qué suceda en Ormuz y Teherán. Las expectativas de inflación pueden aumentar de cara al día 46 o no. No se sabe por ahora.

Segundo, en el Gobierno se jactan de que es un acuerdo entre privados. Pero Milton Friedman enseñó que en economía no existe tal cosa como un almuerzo gratis. Y más cuando está la decisión de un gobierno por detrás.

Sobre esto último, una enseñanza del propio Galbraith al frente de la oficina de precios durante la guerra, fue que cuando EE.UU. aplicó congelamientos, los empresarios mantenían su objetivo por seguir produciendo y al precio que el mercado estuviera dispuesto a pagar. El propio Franklin Roosevelt, presidente de EE.UU., tuvo que ordenar por decreto que Detroit dejara de fabricar automóviles. Sin embargo las automotrices no le hicieron caso y mantuvieron la producción ocho meses más. Para vengarse les incautó 200.000 vehículos para uso del Estado y del ejército. Galbraith contó una vez que un encuentro en San Francisco con productores de petróleo terminó casi en un motín cuando la Oficina de Administración de Precios les pidió dar marcha atrás con una suba de la nafta. “A veces parecía que nuestra guerra con las empresas era más importante que la guerra en Europa —le dijo a la escritora Doris Jearns Goodwin—, había semanas en las que Hitler apenas nos venía a la mente en comparación con los tipos de las empresas de Washington”.

La Oficina de Administración de Precios terminó prohibiendo la producción de heladeras, aspiradoras, máquinas de coser, cocinas eléctricas, lavadoras y planchas, radios, máquinas para cortar el paso y tostadoras. También del acero inoxidable para el uso de la vajilla. A los fabricantes de calzado se les ordenó no producir con doble suela. El café fue la gota que colmó el vaso. El 29 de noviembre se racionó a una taza por persona por día.

Por último. El anuncio de Marín abreva en la tradición de las últimas décadas de que frente a un shock en el petróleo o el dólar a nivel mundial, la política económica argentina no dé respuesta y la que se ocupa es YPF. Pero según la mayoría de los expertos, lo ideal sería que YPF no intervenga en este tipo de eventos y actúe como una compañía más, en vez de tomar acciones en función del objetivo número uno de Javier Milei: bajar la inflación.

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Crédito de la fuente original: www.clarin.com

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