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Durante meses, el proyecto de hardware que Sam Altman y Jony Ive desarrollan en conjunto alimentó todo tipo de especulaciones: gafas inteligentes, un celular sin pantalla o incluso un asistente doméstico futurista. Sin embargo, nuevas filtraciones apuntan a una dirección mucho más inesperada: un bolígrafo potenciado con inteligencia artificial.
Aunque OpenAI no confirmó oficialmente el formato, distintas fuentes coinciden en que el primer dispositivo físico de la compañía buscaría integrarse de forma casi invisible en la vida diaria, alejándose de las pantallas y apostando por la simplicidad.
Según el filtrador conocido como Smart Pikachu, el proyecto —cuyo nombre interno sería Gumdrop— tendría la forma de un bolígrafo inteligente con capacidades de audio. La idea no sería reinventar la escritura, sino combinarla con IA generativa.
Entre las funciones que se barajan aparecen la digitalización de notas manuscritas, la transcripción automática y la interacción directa con ChatGPT, ya sea a través de la escritura o de comandos de voz. En ese escenario, el bolígrafo actuaría como una extensión física del asistente de OpenAI, sin necesidad de recurrir constantemente al celular.
El posible formato encaja con la filosofía de diseño que hizo famoso a Jony Ive durante su paso por Apple: tecnología poderosa, pero casi invisible. En lugar de sumar pantallas o notificaciones, el dispositivo buscaría reducir la fricción entre la persona y la IA.
El propio Ive sostuvo en distintas entrevistas que el futuro del hardware no pasa por agregar más estímulos, sino por crear objetos que se sientan naturales, incluso emocionales.
Las filtraciones también indican que el dispositivo sería fabricado por Foxconn, el histórico socio industrial de Apple, famoso por ensamblar productos icónicos como iPhones, iPads, Kindles y hasta consolas PlayStation. Inicialmente, OpenAI habría evaluado trabajar con Luxshare, pero finalmente habría optado por Foxconn por cuestiones logísticas y geopolíticas.
Parte de la producción podría realizarse en Vietnam, aunque no se descarta ensamblaje en Estados Unidos, en línea con la estrategia de relocalización industrial que varias empresas tecnológicas están explorando.
El contexto no es sencillo. Los primeros intentos de llevar la IA a dispositivos físicos dejaron más dudas que certezas.
El Rabbit R1 irrumpió como la primera alternativa al celular. A diferencia de la experiencia de uso con las apps, el usuario podía realizarle preguntas al R1 mediante un botón de pulsar. Luego, una serie de scripts automatizados llamados “conejos” eran los encargados de completar la tarea. El proyecto era ambicioso; sin embargo fue criticado por hacer lo contrario a lo que promocionaba.
Desarrollado por exdirectivos de Apple, Humane AI Pin tampoco logró consolidarse. Este dispositivo portátil, que se fijaba a la ropa mediante imanes a modo de broche, permitía realizar llamadas, enviar correos electrónicos y mensajes de texto, hacer consultas al estilo de ChatGPT e incluso tomar fotografías mediante comandos de voz.
Su elevado precio —alrededor de 700 dólares— y sus limitaciones prácticas terminaron por sellar su destino comercial
En ese escenario, OpenAI deberá demostrar que un dispositivo dedicado puede ser realmente útil, y no solo una curiosidad tecnológica. La ventaja es clara: a diferencia de sus competidores, la compañía controla el modelo de IA que millones de personas ya usan a diario.
Por ahora, todo lo que rodea al dispositivo sigue envuelto en misterio. No hay fecha de lanzamiento, precio ni confirmación oficial del formato. Pero si algo queda claro es que OpenAI y Jony Ive no buscan competir con el celular, sino repensar cómo los usuarios interactuamos con la inteligencia artificial en el mundo físico.
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Crédito de la fuente original: www.clarin.com
