04/02/2026

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A 10 años de la desaparición de Nicolás Capovilla: un misterio sin pistas en Comodoro

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Salió a correr por el centro de la ciudad la noche del 26 de enero de 2016 y nunca volvió. Diez años después, no hay hipótesis firmes, sospechosos ni datos certeros sobre su paradero. El caso sigue abierto y la familia sostiene la búsqueda.

La noche del martes 26 de enero de 2016, Nicolás Capovilla salió de su casa para correr por la zona céntrica de Comodoro Rivadavia, una rutina habitual para él. Vestía ropa deportiva y llevaba una mochila de hidratación. Tenía 35 años y vivía en una construcción ubicada en el patio de la casa familiar, con acceso compartido con la vivienda de su madre y de su hermana Cecilia.

Esa noche, minutos después de las 21, Nicolás cruzó al patio para pedir yerba. Quedaron en volver a verse más tarde para compartir un rato, algo habitual entre ambos. Cecilia escuchó música proveniente de la casa de su hermano hasta cerca de las 22 y luego se fue a dormir. Fue la última vez que supo de él.

A la mañana siguiente, al salir a trabajar, vio todo cerrado. No le llamó la atención: Nicolás solía dormir hasta tarde y salir a correr de noche. Sin embargo, al regresar por la tarde, todo seguía igual. Ahí comenzó la preocupación.

Una casa intacta y ninguna señal de violencia

Cecilia abrió la puerta del departamento, que estaba sin llave. El interior estaba exactamente igual: la cama hecha, la ropa ordenada, sin signos de desorden ni forcejeo. Sobre la mesa estaban el celular, la billetera y la documentación personal.

No había indicios de robo ni de una situación violenta. Nicolás no estaba. Nadie lo había visto volver.

La familia inició de inmediato la búsqueda. Se comunicaron con amigos, conocidos y allegados, pero nadie tenía información. Días después, la vivienda fue peritada, sin resultados concluyentes. Tampoco surgieron datos firmes de su entorno personal o laboral que permitieran sostener una hipótesis concreta.

La única pista: una cámara de seguridad

Recién en septiembre de 2016, ocho meses después de la desaparición, apareció la única pista concreta del caso. Una cámara de seguridad privada ubicada en calle Sarmiento, a tres cuadras de su casa, lo captó trotando a las 1:15 de la madrugada del 27 de enero.

La familia reconoció sin dudas que se trataba de Nicolás, por su contextura, su forma de correr y la mochila que llevaba. Fue la confirmación de que esa noche había salido a correr. Después de ese registro, no hay más imágenes ni testimonios.

Las cámaras públicas de la zona no funcionaban o no conservaban registros, lo que impidió reconstruir su recorrido. Ese vacío fue determinante: desde ese punto, el rastro se corta por completo.

Sin hipótesis firmes ni sospechosos

A lo largo de los años, la investigación no logró sostener ninguna línea firme. No hubo indicios de secuestro, accidente, delito ni testigos que aportaran datos relevantes. Tampoco se identificaron personas sospechosas.

Se enviaron fotografías a comisarías de todo el país, se analizaron llamados y datos aportados de manera anónima, pero ninguno condujo a una pista concreta. La causa quedó marcada por la falta de pruebas y por el paso del tiempo.

Desde el Ministerio de Seguridad de la Nación se mantiene vigente una recompensa de 3 millones de pesos para quienes aporten información útil que permita dar con su paradero.

El caso de Nicolás Capovilla es uno de los más emblemáticos de Comodoro Rivadavia. Su rostro aparece cada año en afiches, marchas y publicaciones en redes sociales junto al de otras personas desaparecidas en la ciudad.

La familia sostiene la búsqueda y el reclamo. Diez años después, la pregunta sigue siendo la misma: qué pasó con Nicolás. Salió a correr por el centro de la ciudad y desapareció sin dejar huellas, en una ciudad donde nadie pudo —o quiso— ver algo.

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Crédito de la fuente original: www.diariocronica.com.ar

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