18/07/2026

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Multiplicar conciencias para salvar vidas: La cruzada de Pablo Joandet con la RCP solidaria

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El paramédico local reunió a decenas de vecinos en la Asociación Dom Polski para una jornada de instrucción en primeros auxilios. En diálogo con Crónica, detalló el alcance de su labor comunitaria y alertó sobre la Ley 27.159, que exige espacios cardioasistidos pero que no se respeta plenamente en la región.

Hay nombres que se transforman en destino. En las calles de una Comodoro Rivadavia castigada por el frío de la Patagonia, Pablo Joandet camina con el peso de quien sabe que la diferencia entre la vida y la muerte suele medirse en apenas cuatro minutos. Él es paramédico, pero sobre todo, es un reactivador de conciencias. A través de su proyecto El Buen Samaritano, se ha propuesto una misión titánica: que ningún comodorense ignore cómo devolverle el latido a un corazón detenido.

Su última convocatoria no fue una simple clase teórica; fue un acto de resistencia comunitaria en el salón de la Asociación Dom Polski, a quien agradeció por prestar el espacio de forma desinteresada, en el centro de la ciudad. Mientras el clima afuera amenazaba con congelar las ganas, adentro de la sala el calor humano dictaba otra realidad. El ingreso no se pagaba con dinero, sino con solidaridad.

“Y la verdad que me voy con el corazón rebosando, re lleno y muy agradecido también por la convocatoria que hubo. A pesar del clima que estamos viviendo hoy en nuestra ciudad, hubo buena convocatoria, se recaudó bastante alimentos para el comedor”, le contó Pablo a Crónica, con la fatiga noble de quien lo ha dado todo. “Cumplimos con nuestro objetivo hoy, con el propósito de esta capacitación. Me voy recontento, recontento, sin palabras, recontento”.

El nacimiento de una vocación

La historia de Pablo con la docencia de emergencia no es improvisada, aunque es joven. Nació de un deseo cocinado a fuego lento y de un cartón colgado en la pared que, lejos de ser un trofeo estático, se convirtió en un motor.

“Hace aproximadamente dos años y medio, más o menos empezó esto. Arranqué cuando me recibí de paramédico, esperé a tener ese certificado tan esperado, tan deseado, poder colgarlo en mi pared. Lo miraba y dije: “bueno, dale, me voy, le voy a dar para adelante, vamos a darle duro con esto”, recordó.

Desde aquel día, la respuesta de la comunidad ha ido en una escalada constante. En tiempos donde el individualismo parece ganar terreno, la sed de aprender a salvar al otro demuestra lo contrario. “Siempre hubo buena convocatoria. He tenido capacitaciones donde capacitaba a casi 80 personas en una sola vez”, relata con orgullo. “Siempre hubo buena respuesta de la gente. Y más hoy en día, que la gente está entrando en conciencia de la importancia que tiene aprender estas herramientas para salvar vidas”.

Una ley con letra viva pero corazón ausente

Sin embargo, el entusiasmo de Pablo choca contra una pared burocrática y de desidia institucional. Saber hacer compresiones de pecho es vital, pero la cadena de supervivencia necesita de otra pieza fundamental que hoy falta o se esconde en los rincones de la ciudad: los desfibriladores externos automáticos (DEA).

Durante el curso, un número resuena en el aire como una alarma que nadie apaga: la Ley Nacional 27.159. “Es bastante larga la ley, pero los animo a todos a que indaguen un poquito acerca de ella. Habla acerca de la muerte súbita y nos ayuda a poder prevenirla. Regula la importancia que tiene el desfibrilador externo automático (DEA), sí, y la capacitación justamente en estas herramientas que son la RCP y los primeros auxilios”.

La normativa, sancionada hace años a nivel nacional, exige que los espacios públicos y privados de acceso público masivo (como gimnasios, bancos, terminales o grandes comercios) sean áreas cardioasistidas, contando con estos dispositivos que salvan vidas con solo apretar un botón. En Comodoro, la realidad muestra que si bien algunos lugares lo tiene, el cumplimiento de la ley es una cuenta pendiente y que la muerte súbita sigue encontrando a la ciudad desarmada.

Redes que salvan

Para Pablo, la urgencia no sabe de esperas políticas. Por eso, su agenda no se detiene. Tras el éxito de la última jornada solidaria, los teléfonos y las casillas de mensajes ya palpitan con nuevos destinos. Estudiantes universitarios, empresas locales y clubes de barrio forman parte de su hoja de ruta.

“Me pueden escribir, invitar, no hay ningún problema. Tengo mi Instagram ahí: @elbuensanmaritano.cr, y también Facebook. Ahí figura mi número de teléfono. Hace poco estuve hablando con un chico que organiza una parte de los estudiantes de la universidad y acordamos para a futuro poder hacer una capacitación”, detalla, abriendo los brazos a quien quiera aprender.

El nombre de su proyecto no es una elección azarosa. Al final del día, cuando las luces del salón se apagan y las cajas de alimentos marchan hacia el comedor, se revela la verdadera esencia de este paramédico comodorense.

La parábola bíblica habla de aquel que se detiene en el camino a sanar las heridas del caído, de quien no pasa de largo ante el dolor ajeno. “Viene de la Biblia, sí. Hay un conjunto de leyes también que se llama ‘El Buen Samaritano’, pero fueron inspiradas en esa historia. De aquel que brinda ayuda a otro sin interés alguno”.

En una ciudad que late a un ritmo a veces vertiginoso y hostil, Pablo Joandet sigue enseñando a detener el tiempo para que el corazón del revés vuelva a arrancar. Sin pedir nada a cambio, salvo que, de una vez por todas, las leyes dejen de ser letra muerta.

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Crédito de la fuente original: www.diariocronica.com.ar

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