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Parece familiar, pero las cerdas podrían ser de una aspiradora vieja, un cepillo gigante. Se siente en el margen de la indefinible procedencia de los objetos conocidos, pero en desuso. De algo que podría estar o haber estado en nuestras casas. Pero la colección de objetos desconcierta, rompe la semántica de lo preconcebido y de lo cotidiano. Quien observa se pregunta, busca, rodea, quisiera poder decir “ah, esto es…”, pero no se puede salir del desconcierto.
Se trata de una de las tres obras de Julia Padilla, que forma parte de la exposición Soberanía de las cosas, curada por Jazmín Adler y diseñada por Leo San Juan. La muestra estará hasta mediados de abril en el Palacio Libertad, con distintas actividades, como visitas y charlas con los artistas, abiertas al público.
“La idea de la muestra tiene que ver con pensar la comunidad, en relación con las cosas, en un sentido amplio. Lo humano no tiene un lugar protagónico, tal vez aparece en alguna obra, pero lo que prima es esta especie de magnificencia o potencia de las cosas”, explica la curadora en conversación con Ñ.
Hacer un ladrillo y molerlo, para luego hacer un ladrillo y, de nuevo, molerlo, y así sucesivamente… la voz de Ignacio Unrrein presenta una máquina, cuya operación es loop de construcción y destrucción, Cascotera. Junto con Padilla y Unrrein, la exposición presenta obras de Rodrigo Alcón Quintanilha y Hernán Borisonik. La impresión 3D creada especialmente para esta exposición de Franco Palioff, junto con otros trabajos del artista; obras de Juan Pablo Ferlat, Gabriela Francone. Los despieces en las esculturas de Carlos Huffmann. También trabajos de Federico Gloriani, Laura Ojeda Bär, Analía Saban, Gonzalo Silva y Claudia Valente.
“Cada vez me interesa más pensar, no tanto el nicho del arte electrónico, del arte tecnológico, del arte digital, de los nuevos medios y todas esas categorías; sino más bien pensar esas esas zonas de encuentro, esas zonas de participación o de inserción del arte vinculado a las tecnologías electrónicas y la escena general del arte contemporáneo”, dice la historiadora del arte. “Me parece que la práctica curatorial de una muestra así invita también a ensayar esas posibilidades de encuentro entre una clase de obras y otras, que en los circuitos suelen discurrir. Entre prácticas, modos de hacer, medios. Y eso me resultaba muy estimulante”, agrega.
En un espacio con luz baja, los neones cálidos y algáceos de cuatro cabezas calvas, de mucosidad brillante, conversan y recuerdan el futuro: Avispish, de la artista Joaquina Salgado, se ubica en la segunda sala de la exposición. Seres que habitan un espacio mental fuera del tiempo, dice la artista. Un espacio que podría ser el propio o el ajeno, la pregunta simultánea que desafía la concepción del presente porque el futuro no está dado, ni hay fines, pero sí ejercicio de imaginación.
Además de esta instalación multicanal y de impresiones 3D, la exposición tiene pintura y video, interacción de formatos, de nuevos medios con viejos medios que fueron nuevos medios, con los desafíos de montaje e instalación en sala correspondientes a cada forma. Con las posibilidades propias de cada tecnología de la representación y de la presentación, de la acción, de lo que hace, cada obra en el mundo que existe y en los mundos que toca.
En la narración que reúne a estas obras, entre ciencia, técnica, naturaleza y sociedad, hay un planteo que sigue a Bruno Latour, la artificialidad de separar cultura de naturaleza, sociedad de ambiente, cuando, en tanto existentes, todo se toca y está interconectado. Actuar en el mundo no le está dado solo al ser humano.
“En lo personal, esta es una exposición de apertura, no de cierre de una etapa, porque los temas que la impulsaron son los que vengo estudiando más recientemente, vinculados a mi investigación en la cuestión de las máquinas y otras maneras de pensarlas”, dice Adler. Y siguiendo al filósofo de la tecnología Levi Bryant, el desafío de la investigadora es pensar cómo todo, dispositivos y seres diversos, pueden comprenderse en su dimensión maquínica.
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Crédito de la fuente original: www.clarin.com
