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¿Quién fue? Hay pistas, pero no existen certezas. ¿Fue Luis Caputo, preocupado por cumplir con las metas fiscales, el leitmotiv de la administración libertaria? ¿O fue un truco de Santiago Caputo para provocar a la oposición y a sus rivales internos en el mileísmo? ¿Y si fueron los dos Caputo? Karina Milei dijo desconocer la maniobra. “Ella también se enteró por los medios de los cambios”, decían hasta ayer en su entorno. ¿Y Javier Milei? ¿Lo sabía y jugó al si pasa, pasa o, simplemente, se desentendió de la versión final del proyecto, muy propio de él, y dejó todo en poder de sus colaboradores?
La mano de un intruso lo hizo de nuevo. Un recorte en las partidas destinadas al área de discapacidad en el proyecto de Presupuesto presentado el martes a última hora irrumpió como un huracán en el Congreso y en la cima del Ejecutivo. A los principales opositores se les presentó una oportunidad para reforzar la idea de la crueldad como método de gestión. Con el correr de las horas, ese huracán empezó a migrar y adquirió nombre: el huracán Patricia.
Bullrich también lo hizo de nuevo. Como en el caso Adorni y en otros proyectos de ley que le disgustaron, la senadora salió a confrontar con sus propios compañeros. Apuntó al Ministerio de Economía, pidió que no la tomen de tonta y habló de ineficacia y de cabezas duras a la hora de tomar decisiones. “De pronto vino una bomba atómica”, afirmó.
El Presidente no pronunció una sola palabra en contra de la jefa del bloque de Senadores. Al contrario, le envió un mensaje a una panelista de un programa de espectáculos para defender el derecho de Bullrich a difundir un video con música de Lali Espósito, pese a que su hermana, Karina, dejaba trascender su malhumor. No es la primera acción de Bullrich que le molesta.
Para muchos, Milei adoptó una postura inteligente para no agravar más el clima y para tratar de explorar una salida, como hizo cuando Bullrich intimó a Adorni a presentar su declaración jurada y Milei, esa misma noche, dio una entrevista que no estaba pactada para decir que su entonces jefe de Gabinete tenía todos los papeles en orden y que los presentaría a la brevedad.
Aquella vez, Milei engañó a los televidentes o, quién sabe, hasta se engañó a sí mismo: ya pasaron 137 días de la frase y Adorni sigue sin presentar un papel en la Justicia. Habrá que ver qué ocurre ahora. El oficialismo dejó trascender que trabaja en un nuevo texto para mejorar los fondos para discapacitados, aunque no está claro cuánto está dispuesto a ceder. La intención es no prorrogar la emergencia en discapacidad, algo que sí pretende la oposición.
El viernes, apurados por el cimbronazo, Diego Santilli encabezó una reunión virtual junto a la diputada de La Libertad Avanza, Laura Rodríguez Machado, que está a cargo de la negociación legislativa con los aliados, y con el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Todos dijeron haber recibido con sorpresa el recorte a los discapacitados. Santilli y Menem integran la mesa política. Los dos lucían fastidiosos, incómodos, quizás hasta un poco avergonzados de tener que poner la cara y seguir adelante.
El jueves, la propia Bullrich debió esforzarse para alcanzar el quórum antes de la aprobación de la Ley de Biocombustibles. Tuvo que hacer algunos llamados de urgencia. El último se lo realizó a Guillermo Andrada, que estaba reunido con otros cinco senadores en el despacho de Carolina Moisés. Los legisladores habían recibido la visita del gobernador Gustavo Sáenz y se demoraban en bajar. Bullrich, nerviosa, llamó directo al celular de Andrada. “¿Miren quién llama?”, preguntó el legislador y exhibió la pantalla del teléfono. Sáenz se lo arrebató: “Patricia, no llames más, no vamos a dar quórum”. Hubo unos segundos de tensión, hasta que Bullrich se dio cuenta con quién hablaba. Era una broma.
Es difícil pensar en una relación armónica a mediano plazo entre la senadora y los Milei. También es intrigante saber cómo volverá a funcionar una mesa política que entre sus objetivos, se supone, tenía el tratamiento exhaustivo de cada proyecto de ley antes del envío al Parlamento. Así se había acordado hace solo un mes, a instancias de Karina, tras la mala experiencia con el artículo que aumentaba los límites para la extranjerización de la tierra. Es cierto, alguno podría haber preguntado, cuando discutieron el Presupuesto, qué pasaba con el área de discapacidad. A ninguno se le ocurrió.
La desconfianza se expande. Luis Caputo suele decir que el ruido política afecta el crecimiento de la economía. Santiago Caputo está obligado a convivir con Lule y Martín Menem y los Menem con él, aunque entre ellos solo predominan el rencor y las zancadillas. Desde su llegada a la jefatura de Gabinete, Santilli hace equilibrio, pero cada vez le cuesta más. Y Bullrich, como queda claro, se reserva la potestad de patear el tablero cuando detecta algo que no le gusta. El liderazgo de Milei parecería ponerse en tela de juicio con demasiada frecuencia.
Desde la cúspide de Balcarce 50 dejaron trascender que Bullrich sigue siendo la principal candidata a vicepresidenta para el año próximo, como si eso bastara para despejar el conflicto que arrastran desde hace varios meses. Quienes conocen a los hermanos se preguntan si la fórmula Milei-Bullrich podría ser posible frente a tanto desgaste en el vínculo. “Imaginate a Patricia de vice y que te frene un proyecto porque no le gusta”, asumen cerca de los Milei. Solo una cosa mantiene el hechizo: la necesidad electoral, el apremio con el que comienza a proyectarse el escenario presidencial. Versión moderna de Descartes: gano, luego existo.
La popularidad de Bullrich está hoy bastante por encima de la del jefe de Estado. Quienes trabajan con la ex ministra sostienen que el cargo de vicepresidenta no la desvela. Al revés, podría resultar insuficiente. El video que grabó en medio de esas horas de tensión desnuda que su ambición política no cesa. Mucho menos cuando distintos protagonistas del establishment le susurran lo que ella quiere escuchar: que un traspié de Milei la dejaría en una posición expectante para reponerse a la frustración de 2023. Eso también explicaría por qué, cuando puede, toma distancia del Ejecutivo. Nunca se sabe.
El malestar interno en La Libertad Avanza se da junto a una conjunción de datos económicos negativos que, por supuesto, el Gobierno no esperaba para esta parte del año. En la semana se conocieron cifras importantes. El desempleo en el segundo trimestre fue del 7.9%, lo que equivale a 1.800.000 empleados en todo el país. El dato supera el 7,6% de igual período del año pasado. En este trimestre también se frenó la actividad, según las estadísticas del Indec. El Producto Bruto Interno cayó 0,6% contra el trimestre anterior y, además, en julio se anticipa una nueva caída. En abril de este año, Caputo había declarado que se venían los mejores 18 meses en varias décadas. Ya pasaron cinco.
La caída en la imagen presidencial entusiasma a la oposición. Axel Kicillof se anotó ayer en la carrera presidencial durante un plenario de su agrupación, Derecho al Futuro, que se hizo en Avellaneda. Los roces con La Cámpora se agravan. Máximo Kirchner aprovecha sus vínculos para colaborar en operaciones: esta semana aparecieron afiches que promocionan la candidatura de Kicillof y, debajo, la consigna Cristina libre, con la firma de la agrupación del gobernador. En el entorno de Kicillof negaron haber hecho esa movida. Cristina libre no será el espíritu de la campaña. “Nos hicieron una maldad, se ve que tienen mucha plata para tirar a la basura”, decían en La Plata.
Cristina evalúa nombres para entorpecer el camino de su ex ministro de Economía. Le atrae especialmente uno: el del santiagueño Gerardo Zamora. Sergio Massa no dice nada, pero también corre. Ayer volvió a mostrarse en público. Sueña con una nueva oportunidad, aunque su imagen negativa sea muy alta.
Los llamados outsiders, aunque varios de ellos son viejos conocidos, siguen en danza. Daniel Hadad no deja de frecuentar a analistas y encuestadores locales y, a la vez, podría contratar un equipo del exterior. El pastor Dante Gebel prepara su regreso a la Argentina y una nueva gira en los medios que, espera, sea menos fallida que la anterior, cuando negó ser pastor.
Carlos Melconian cree que se hace más fuerte a medida que crece la preocupación económica, lo mismo que Hernán Lacunza, el delfín del PRO. Y el banquero Jorge Brito analiza cuándo aparecer en los medios: hasta ahora solo se ha dejado fotografiar en eventos cerrados, rodeado de políticos de la vieja guardia, que se muestran ansiosos por sumarlo y convertirlo en uno más. Todo lo contrario a lo que le piden sus asesores, que sufren en silencio y esperan la ocasión para que, alguna vez, pose en situaciones más acordes con los tiempos que corren.
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