16/09/2026

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Isabel Coixet, la cineasta española más talentosa y sarcástica, que ama la cocina y las películas de Lucrecia Martel y de Duprat

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Uno cuando ve una película y sigue a su director en otras realizaciones, puede imaginarse, o no, cómo es su sensibilidad. O su carácter. Eso seguro sucede con Isabel Coixet. Pero encontrarse con una mujer que hable sin pelos en la lengua, que le importe un coño, diría ella, el qué dirán o la corrección política, bueno, tal vez no sea la imagen que uno se lleva tras ver algunos de sus dramas que cortan la respiración.

Es, no hay quién lo dude, la cineasta española -catalana, para ser bien precisos- más importante del presente. Directora de La vida secreta de las palabras, con Tim Robbins, o la imprescindible Mi vida sin mí, con Sarah Polley y Mark Ruffalo, Coixet rodó Tres adioses, que estrena este jueves en la Argentina tras pasar por los festivales de Valladolid, Miami y Beijing. Se basa en un libro de la italiana Michela Murgia “y todo el mundo tiene una opinión sobre ella, o la aman o la odian”.

Y también tiene un metejón con la gastronomía, que impregna muchas de sus realizaciones, y con la que enlaza una filosofía impensada. Ah, también vino a filmar publicidades a nuestro país, donde se hizo amigos que mantiene al día de hoy.

En esta entrevista realizada por Zoom, ella desde su hogar en Barcelona, también nos cuenta qué busca a la hora de llamar a un actor o actriz, entre ellos la extraordinaria Alba Rohrwacher, que protagoniza Tres adioses. Su personaje es abandonado por su pareja, y luego descubre que sufre una enfermedad.

“Acabo de llegar de París, que estrenó la semana pasada la película -cuenta-. Y me voy mañana a San Sebastián porque tengo una inauguración de una exposición en el Museo de San Telmo. De piezas collage mía.”

-¿Pensaste en Alba Rohrwacher cuando escribías el guion para ser la protagonista?

-Yo pensé en ella cuando leía los cuentos, porque el personaje de Marta yo la veía como Alba. A mí me parece que Alba es una de las mejores actrices europeas, sino la mejor. Siempre, desde que la he visto en películas, papeles pequeños, grandes, medianos, siempre he querido trabajar con ella. Y la quise conocer antes de empezar a escribir para saber si ella estaría interesada en hacerlo y me dijo que sí, que había visto mis películas, que su hermana Alice (cineasta de renombre) le había hablado de mis películas y que sí.

Creo que es maravillosa. Tiene una vulnerabilidad, una fuerza, una manera de ser antipática fantástica. Es una actriz que me encanta. Y Elio Germano me parece el mejor actor italiano. Elio es un camaleón, capaz de hacer cualquier cosa. Elio ahora está considerado el mejor actor italiano y a los actores de este nivel no les haces casting, los escoges y si te dicen que sí, listo. Está muy bien.

-¿Usualmente trabajás así con tus actores?

-Ahora ¿qué te voy a engañar? Si tú quieres algún actor con experiencia, tú ves las cosas que han hecho. A mí me da igual que la gente sea simpática, antipática, fácil, difícil. Si veo dos o tres películas de alguien, yo ya sé que lo quiero. Piensa, por ejemplo, que hice con Guillermo Pfening, que hice una serie, Foodie Love. Lo vi en la película de Julia Solomonoff, Nadie nos mira, y pensé quiero que haga esto. Y lo hizo y me parece un actor maravilloso.

Las malas noticias se recuerdan más que las buenas

-Dijiste que las malas noticias son las que se recuerdan con mayor intensidad, se recuerdan más a las malas noticias que a las buenas. ¿Por qué?

-Sí, porque te afectan más las malas. Es como la salud y la enfermedad. La enfermedad nos lo hace pasar mal. Cuando estamos bien, no pensamos en nada más. Nos parece que la salud, que estar más o menos bien, es lo normal. Y en ese sentido sí que me parece que todos hablamos antes de las cosas malas que nos pasan que de las buenas, o de los estados de ánimo. La gente se pasa el rato hablando de sus terapias, de sus depresiones, de sus enfermedades. Pero “Ayer vi un magnolio con las flores blancas más grandes de la historia…”. No sé. Esas cosas.

-¿Y vos cómo sos? ¿Como esa gente que estás hablando? ¿O sos más de hablar de las magnolias?

-Yo mis enfermedades nunca las cuento porque me parece un coñazo. A mí de hablar de la salud no me interesa nada. Me aburre mucho la gente que lo hace. No en vano yo hice una película que se llama Mi vida sin mí, donde hay una mujer que está enferma, se va a morir, y no se lo dice a nadie. Para mí ese es el canon.

He me estaba tomando un café y he visto un perrillo monísimo y le hago la foto al perrillo y se la envío a mi hija. Yo soy de esas cosas. No te voy a contar el gran menú tal, pero si me he comido un helado especialmente bueno, voy y lo cuento.

Martel, Bertuccelli, Solomonoff y Duprat y Cohn

-¿Qué conocés o qué te gusta del cine argentino?

-Bueno, tengo una gran admiración por Lucrecia Martel, por supuesto. Y soy muy amiga de Julia Solomonoff desde que ella tenía 19 años. Yo rodé una publicidad en Buenos Aires, ella fue mi ayudante y nos hicimos grandes amigas.

-¿Te acordás qué publicidad fue?

-Una cosa para Francia, que era un queso. Sé que Julia va a hacer una nueva película y yo he sido nominalmente productor ejecutivo de alguna de sus películas. Me parece alguien maravilloso. Y me gusta mucho Valeria Bertucelli, como actriz y me gustan las películas que ha hecho. Creo que tiene mucho que decir. Ahora sé que está preparando otra película. Y por supuesto conozco a los Duprat.

-¿Por qué por supuesto?

-Bueno, porque creo que he visto todas sus películas y no sé, me gusta el humor. Creo que tienen una mala leche y un cinismo que me gusta mucho. El Ciudadano ilustre me parece una obra maestra. Y El hombre de al lado también.

-Acá pasa algo similar a lo que vos decías que pasaba con Michela Murgia. Acá a Duprat y Cohn los aman o los odian.

-Como que no hay un camino en el medio. Bueno, esas cosas pasan. Yo creo que cuando se llega a un nivel de fama, pues hay eso. Ahora tengo muchas ganas de ver una película que ha producido Julia, que he visto un primer montaje, pero no la he visto acabada. La película de Alessandra Sanguinetti, que ha ganado en Locarno, The Illusion of an Everlasting Summer, esta historia de las dos primas que se la sigue por 15 años en la Pampa. He visto fragmentos y me parece que puede ser una gran película.

-¿Hace mucho que no venís a la Argentina?

-La publicidad que viniste a filmar fue mucho antes.

-La prehistoria. Hace muchos años que ya no hago publicidad. Pero bueno, hace 15 años fui de paseo. Fui al Perito Moreno, estuve en Rosario, estuve en Buenos Aires…

Una autora a la que aman u odian

-Noto es que estás muy consustanciada con “Tres cuencos”, el libro de Michela Murgia en el que se basa “Tres adioses”, porque has escrito el prólogo en su edición española.

-Es que la figura de Michela Murgia, una escritora italiana muy poco conocida fuera de Italia… En Europa solo se la conoce en Italia. Siempre la he admirado, sobre todo desde que leí su primera novela, La acabadora. Yo tenía un proyecto con un escritor italiano, Roberto Saviano (el autor de Gomorra), que era su gran amigo. El me habló por primera vez hace muchos años de esta novela La acabadora, que era de una joven de Cerdeña. A partir de ahí seguí todo lo que escribía, sus intervenciones en televisión y esta dimensión de ícono que tiene.

Porque en Italia tú dices Michela Murgia y todo el mundo tiene una opinión sobre ella, o la aman o la odian. No sé, se la compara muchas veces como intelectual a Pasolini, porque también tiene ese componente del catolicismo, el rollo queer, el marxismo, todo ahí mezclado en un cóctel típicamente italiano. Yo no la llegué a conocer.

-¿Y qué se le cuestionaba?

-Todo. Incluso ahora que lleva tres años muerta, cada vez que es el aniversario de su nacimiento, o de su muerte, hay artículos en los dos sentidos. También era un personaje que aparecía mucho en televisión, que daba opiniones muy tajantes sobre la familia italiana. Ella abogaba por un concepto que era la familia del alma, la familia escogida, y no por la familia de los lazos de sangre. Esto sentaba muy mal en Italia, ya te lo puedes imaginar. Hacía dos semanas que había fallecido cuando un productor italiano me propuso hacer esta película. Me dijo que había comprado los derechos del libro, que tenía 14 historias y que yo podía hacer con el libro lo que quisiera.

Yo sabía que había algunas de las historias eran autobiográficas, porque ella fue siempre muy clara respecto a su enfermedad. En el momento en que supo que le quedaban tres meses de vida, aunque luego le quedaron cinco, salió en televisión, todo el mundo sabía que estaba enferma y que iba a morir, y ella fue muy clara.

Pero la enfermedad, el cáncer… Yo quiero hacer películas sobre lo que es estar vivo, o sea, la finitud es inevitable, y me dije “no sé si quiero hacer esta película”.

-Pero entonces cometí el error de leer el libro. Y sobre todo de enamorarme de tres de las historias, en las que nos hemos basado, no en todas.

-Y no tenían por qué tocarse un cuento, una historia, con otra ¿o hay personajes que se continúan?

-Alguno, pero no todos. Ha sido un poco… un encaje difícil. Y sí que había una cierta relación entre ellos, pero no de una manera muy obvia. Y fue un bonito ejercicio encontrar cómo, con tres historias diferentes, hacer una película compacta.

-Y escribiste en italiano.

-Fue bonito escribir en italiano, que es una lengua que además a mí me encanta. Me encanta leer libros en el idioma original.

-No habías rodado ninguna película en Italia.

-Había filmado un capítulo de una serie que escribí, que se llamaba Foodie Love, que la mitad del capítulo pasa en Roma. Rodé cinco días en Roma, pero… Fue una bonita experiencia con todas las trampas que tiene Roma, que es esta cosa de que pones la cámara en cualquier sitio y hay ruinas, y hay belleza, decadencia y melancolía. Lo que primero pensé es no quiero rodar en el centro histórico, no quiero ver el Coliseo, yo quiero rodar en la Roma que a mí me gusta. Que es el barrio de Testaccio, Piñeto, ciertas partes del Trastevere donde vivía ella, más cerca de Porta Portese, y eso marca el carácter de la película. Además, tenemos todos una iconografía sobre Roma hecha por Fellini, Scola, Monicelli, Pasolini, Sorrentino…

-Sí, sí, pero para mí ha sido un gran alivio ver que en Italia la película ha funcionado muy bien, y sobre todo que los italianos me preguntan dónde he rodado algunas cosas de la película…

La pérdida, todo un tema

-Te interesa más que nada la vida, pero tu película habla esencialmente de la pérdida en un sentido amplio, porque la trama habla de la pérdida de una pareja, pero también de la vida.

-Pero la vida es eso, ¿no? La vida es un trayecto, parafraseando a otra película italiana, Stazione Termini. Es de las pocas certitudes que tenemos, ¿no? Al final todas las películas en el trasfondo tienen eso. Hay algo que siempre me interesa que es estar vivo, que es respirar, comer, no comer, cómo habitamos un cuerpo, cómo nos relacionamos con la comida, cómo nos relacionamos con los demás, con las decisiones. La decisión de Antonio es una decisión completamente camusiana, ¿no? No sabe por qué ha dejado a esta mujer.

Podemos pensar, bueno, claro, no es una mujer que le gusta salir, que te va a llevar la contraria. Tú piensas que tienes 40 y algo, que quizá puedes encontrar una más joven, ¿no? Las decisiones de Marta sí que son casi decisiones a partir de su propia naturaleza. No hace lo que no le gusta hacer, eso tiene un precio en todos los sentidos. Y cuando no le queda más remedio que hacer algo que no le gusta hacer, que es morir, en ese momento descubre ciertas cosas. Descubre ese momento de comerte un helado sin culpabilidad, pero sabiendo que quizá es el último, que tienes tantos años, pero a lo mejor nunca tendrás 70…

-Esa secuencia ¿estaba en el libro?

-Tengo que decir que no es una secuencia que esté en los cuentos, pero para mí es una secuencia fundamental, es completamente banal, pero creo que se cierran muchas de las cosas importantes para Marta y que constituye quién es Marta.

-En un momento cuando ve que a la niña se le cae el helado, fantaseé como que iba a comprar el helado para dárselo.

No, que se joda. Que se joda a la que se le ha caído. Ves, tú eres una buena persona. Marta es más egoísta que eso.

¿Qué dice de nosotros la comida?

-Y hablando de la comida, hay un personaje que en un momento dice “somos los que comemos”. ¿Qué tan de acuerdo estás con eso? ¿Eso estaba también en el libro o no?

-No, eso es una cosa de Ludwig Feuerbach de toda la vida. Yo recuerdo que es de los primeros ensayos que leí en la universidad. Ahora ya nadie lee a Feuerbach. Pero en ese ensayo que es de finales del XIX, está algo que podría también parecer completamente banal, pero es la relación que tenemos con la comida. ¿Qué dice de nosotros la comida? ¿Qué dice de nosotros estar en un restaurante y ese momento que tú dices, porque tienes hambre, bueno, vais a pedir unas milanesas, pero no vais a pedir primero ¿no? Lo haces saber a los demás como para justificar lo tuyo.

Yo veo sobre todo a las mujeres, cuando llega la carta de postres. Como si fuera Satán, ¿no? Para mí es interesante ver la conducta de la gente respecto a la comida en casa, en los restaurantes, en los bares, en cómo la gente juega con la comida en el plato, como de repente la gente dice “¡No, no! Yo no como hidratos”, pero llega el pan y al final de la comida la persona que no come hidratos ha comido todo el pan.

Quiero decir, todo esto es absolutamente natural y todo esto es comprensible, pero sobre todo no me lo cuentes, no lo hagas. Toda esta justificación constante a mí me pone nerviosísima la verdad.

-¿Cuál es el plato con el que más te lucís?

-El arroz negro con tinta de sepia. Que lo hago con sepia, gambas, guisantes y tinta. No, no, el arroz es lo mío, ya te lo digo. Y la pasta a la Marta, que sale en la película, es mi receta. Te va a gustar el arroz negro, ya te lo digo. Que luego querrás la receta…

-¡Apa! Sos una mujer que da a conocer lo suyo también.

-No, solo para joder a los italianos, dije pues yo voy a hacer una receta de pasta mía.

La gigantografía de una estrella del K-pop

-Me llamó la atención la aparición de la gigantografía a tamaño real de la estrella de K-pop que tiene Marta. ¿Esa fue una idea tuya?

-Te voy a enseñar una cosa. Nosotros con Enrico, mi coguionista italiano, escribimos el guion aquí en Barcelona. Entonces… Espera un segundo.

Isabel se va del encuadre de la cámara del Zoom. Y regresa con una gigantografía… de Agnès Varda.

“No sé si la ves. Nuestra amiga Agnès. Y entonces como homenaje no a Agnès Varda sino a Michela Murgia, que le gustaba mucho el pop coreano, incluimos esa gigantografía. A mí no me gusta el pop coreano, pero ella tres meses antes de morir empezó a aprender coreano. Y nos pareció además que el personaje de cartón funcionaba muy bien en la película.

-¿Y cómo es que tenés esa figura de cartón de Agnès Varda?

-Me la envió su hija. Yo conocí mucho tanto a Agnès como a su hija Rosalía. Con Agnès estuve en muchos lugares. Fuimos jurado en Cannes y su hija me la envió. Mira qué lindo.

-¿Este personaje que aparece en la película es un personaje real o es inventado?

-Es inventado. No existe.

Y tiene un programa de radio

Y como si fuera poco lo que hace, Isabel tiene un programa de radio semanal. ¿De qué va? Ella lo explica.

-Se llama… Alguien debería prohibir los domingos por la tarde y lo pasan los domingos a las 5 de la tarde en Radio 3. Y va… Pongo música y hablo.

-No sé… Hoy, por ejemplo, que lo he grabado, porque yo grabo siempre los lunes, hablé sobre un libro que se llama El breve tratado del fuego lento, un libro de cocina muy divertido de un autor belga, que habla de la cocina, de los mitos, de cómo, por ejemplo, la cocina francesa y los mitos culturales se crean cuando un país se siente un poco en decadencia. Y habla de ese momento, la última derrota de Napoleón, Waterloo, cómo en ese momento empieza a crecer el concepto de cocina francesa.

Es fascinante ver cómo la cocina y la comida hasta qué punto dicen cosas de nosotros. Y ya te digo, pongo una playlist de diez canciones y hago diez fragmentos, o hablo de un libro, o hablo de una película, o hablo de una situación… No sé, es que es muy ecléctico. Las músicas son muy eclécticas también. O sea, puedo poner Arvo Pärt y a Raffaela Carrà. Puedo poner a Bananarama y a The Cure. Me divierto mucho haciéndolo y parece que a la gente le gusta.

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Crédito de la fuente original: www.clarin.com

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