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10 septiembre de 2026
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Desde 2022, año en el que Rusia invadió Ucrania, quedó en claro que el mundo ya no sería el mismo de antes: a partir de ese momento, y tal como lo demuestran los conflictos en Gaza o Irán, la guerra volvió a ser moneda corriente.
Sin embargo, aunque las guerras convencionales vuelven a ser cosa del presente (no olvidemos el conflicto en 2025 entre India y Pakistán), los avances tecnológicos han dejado en claro que el espacio será fundamental a la hora de proteger los países de ataques enemigos.
Y es en este sentido que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere construir una ‘Cúpula Dorada’ en el espacio que evite que misiles lanzados por adversarios extranjeros impacten en Estados Unidos. Pero, ¿qué es realmente este escudo y cuánto podría costar?
El “Golden Dome”
Inspirado en el “Domo de hierro” de Israel, un sistema que le permite defenderse de ataques con cohetes de países vecinos, la “Cúpula doarada” combinaría las defensas antimisiles existentes con las nuevas, conectadas por una red de mando que comparte datos sobre amenazas entrantes para detectarlas y destruirlas.
El escudo antimisiles, que se extendería desde la Tierra hasta el espacio, podría construirse por US$ 185.000 millones según el propio Trump.
Así, no solo se cumpliría el sueño del actual mandatario, sino también el de su antecesor Ronald Reagan, quien el siglo pasado propuso la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), también apodada “Star Wars”, un plan de los años 80 para proteger a Estados Unidos de misiles balísticos utilizando una red de armas terrestres y orbitales, incluidos interceptores espaciales.
¿Por qué debe estar en el espacio?
Si China, Rusia o Corea del Norte lanzaran un misil balístico intercontinental contra Estados Unidos, el mejor momento para destruirlo sería en los primeros minutos, antes de que vuele ocho veces más rápido que una bala, más alto que la Estación Espacial Internacional y despliegue su ojiva. Por lo tanto, la mejor forma de detectarlo y hacerlo explotar sería desde el espacio.
Para lograrlo, el sistema estaría controlado por un “cerebro” impulsado por IA que conecta una red de sensores y lanzadores en la Tierra y en el espacio.
El programa implicaría la integración tanto de sistemas de defensa nuevos como heredados, que van desde satélites en el espacio hasta interceptores de misiles montados en todo el mundo o en submarinos.
Pero lo que uniría todo sería el consorcio C2 de la Cúpula Dorada, un “‘cerebro automatizado’ que fusiona miles de datos independientes en una sola imagen operativa, permitiendo al liderazgo nacional tomar decisiones en milisegundos en lugar de velocidad humana.
Sin embargo, no sería completamente autónomo, ya que en Washington creen que es importante mantener a los humanos informados para garantizar la toma de decisiones correctas.
Donald Trump junto a imágenes del Golden Dome
Las defensas actuales
Actualmente, Estados Unidos está protegido de la amenaza de misiles de largo alcance por 44 interceptores entre Alaska y California, una red global de radares terrestres y marítimos, y un arsenal nuclear.
El sistema de “Defensa Terrestre de Medio Curso” está diseñado para eliminar ojivas balísticas entrantes disparadas por estados “rebeldes” como Corea del Norte. Pero no es capaz de resistir una andanada de los enormes arsenales de Rusia o China.
Por ello, respecto a Pekín y Moscú, Estados Unidos se apoya en la estrategia de destrucción mutua asegurada para evitar un ataque de otra superpotencia nuclear (al poseer ambos bandos armas nucleares, su uso se “cancela” mutuamente, ya que, en pocas palabras, implicaría la extinción de la humanidad).
Pero el problema es que, según diversos informes, para 2030 China pasará de tener 600 armas nucleares a unas 1.000. Además, en 2021 se informó que Pekín había realizado una prueba de un misil hipersónico con capacidad nuclear, que el entonces presidente del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., Mark Milley, calificó de “momento Sputnik”.
Xi Jinping y Donald Trump – Cuenta de X de la Casa Blanca
Más preguntas que respuestas
Pero basándose en sus propias suposiciones, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) ha estimado que el coste de la Cúpula Dorada supera el billón de dólares, seis veces la estimación del Pentágono.
Además, proteger a EE.UU. contra todo el arsenal de misiles balísticos que China y Rusia ya poseen requeriría que Washington desplegara cientos de miles de interceptores en órbita — y estos tendrían que ser reemplazados cada cinco a diez años a medida que sus órbitas decaen.
En esta línea, cada vez que un adversario añade un misil balístico más a su inventario, el ejército estadounidense tendría que lanzar cientos de SBI más para contrarrestar esa amenaza adicional, lo que significa que el coste estaría en billones incluso asumiendo menores costes de lanzamiento y economías de escala en producción.
Se estima que una pequeña constelación capaz de interceptar un máximo de cinco misiles en un ataque costaría construirla y mantenerla aproximadamente US$ 270.000 millones en 20 años.
Y, más allá de los desafíos internos, gran parte del valor de la Cúpula Dorada no residirá en derribar misiles, sino en disuadirlos de lanzarse en primer lugar, por lo que el principal problema es que impulsaría a posibles adversarios estadounidenses a construir armas nucleares aún más y más capaces, y convertiría las crisis en eventos más rápidos, automatizados y propensos a errores, que probablemente conducirían a una guerra nuclear.
Justamente, durante su última cumbre en mayo en China, Xi Jinping y Vladímir Putin criticaron la Cúpula Dorada como un desarrollo “profundamente desestabilizador” y afirmaron oponerse a las “actividades provocadoras” que socavaban sus intereses fundamentales de seguridad.
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Crédito de la fuente original: eleconomista.com.ar
