06/08/2026

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“No tengo planes de jubilarme”

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Marta Barany lleva casi 70 años trabajando como intérprete y traductora. A sus 94 años, sigue en actividad cinco días a la semana y no tiene ningún plan de jubilarse. Su historia, publicada en primera persona por el medio australiano SBS, es la de una mujer que se negó a dejar de trabajar solo porque un número se lo exigía.

“Estaba devastada cuando cumplí 65 años”

Barany contó en el artículo publicado por SBS: “Estaba devastada cuando cumplí 65 años”. En ese momento trabajaba como intérprete para un servicio gubernamental de interpretación telefónica en Australia, y los 65 años eran la edad de jubilación obligatoria en el sector público.

Según relató: “Mi cuerpo y mi mente se sentían jóvenes, era perfectamente capaz de trabajar, y la gente necesitaba mi ayuda. No podía creer que una edad arbitraria significara que tenía que dejar de trabajar a tiempo completo”.

Acudió al sindicato y a un abogado, pero nadie pudo ayudarla, así que tuvo que jubilarse “pataleando y gritando” en el camino de salida, como ella misma describió. Sin embargo, encontró una alternativa: el trabajo freelance. Hoy, a los 94 años, sigue interpretando y traduciendo tanto en el sector privado como en el público, incluido el organismo de seguridad social australiano Centrelink, y no tiene planes de retirarse pronto.

De refugiada húngara a intérprete pionera en Australia

Barany nació y se crio en Hungría hasta los 12 años. En 1945, cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, ella y sus padres huyeron como refugiados a Alemania después de que el Ejército Rojo soviético invadiera y ocupara el país. Ya hablaba húngaro, y durante sus seis años de escuela en Alemania aprendió también alemán, inglés, latín y francés, idiomas que, según cuenta, le resultaron muy útiles después.

Llegó a Melbourne junto a su familia en enero de 1951, tras 65 días de viaje, como desplazada de guerra. Tenía 18 años y todavía recuerda el calor que sintió al llegar a Bonegilla, un antiguo campamento militar cerca de Albury, en el norte de Victoria, usado entonces para procesar a los migrantes europeos de posguerra. Como el campamento estaba lleno, la alojaron a ella y a su familia en una carpa del ejército, y así comenzó su vida en Australia.

“Creo que es importante que te entiendan como persona”

Su carrera como intérprete comenzó a fines de la década de 1950, cuando tenía poco menos de 30 años, ya era madre y trabajaba en un puesto administrativo. La Revolución Húngara de 1956 trajo una ola de migrantes húngaros a Australia, pero en ese momento no existía un servicio comunitario de interpretación, y la gente necesitaba ayuda.

Así fue como se ofreció como intérprete. Según explicó: “Creo que es importante que te entiendan como persona, poder decir lo que quieres decir y expresarte. Y si no hablas el idioma de un lugar, eso es muy difícil de lograr”.

El recuerdo de un parto por teléfono

Uno de los recuerdos que más destaca de su carrera ocurrió mientras trabajaba en el servicio telefónico de intérpretes del Departamento de Inmigración, cuando una noche recibió una llamada de un hospital en una zona rural de Australia Occidental. Una joven estaba de parto, y Barany tuvo que interpretar para ella y el equipo médico: decirle cuándo pujar, cuándo no hacerlo, y que todo iba a salir bien. Cuando el bebé nació, tuvo que decirle al esposo que era padre de “un hermoso bebé varón”. Según contó, fue un momento especial y se sintió privilegiada de haber podido ser parte de él.

Una carrera dedicada a construir puentes

A lo largo de sus seis décadas de trayectoria, Barany participó en la creación de varios de los servicios de interpretación y traducción de Australia. Fue una de las miembros fundadoras del Telephone Community Interpreting Service y del Instituto Australiano de Intérpretes y Traductores, y ayudó a crear la Autoridad Nacional de Acreditación de Traductores e Intérpretes, además de la rama húngara de la organización católica de ayuda Caritas.

También presidió el Comité Olímpico Húngaro durante los Juegos de Sídney 2000 y se desempeñó como comisionada de Asuntos Étnicos de Nueva Gales del Sur. Recibió la Medalla del Imperio Británico, la Medalla de la Orden de Australia y, este año, la Medalla de Intérpretes y Traductores.

“Si mi mente funciona, yo sigo trabajando”

A sus 94 años, Barany sigue trabajando cinco días a la semana, generalmente entre tres y cuatro horas diarias. “No tengo ningún plan de dejar de trabajar, pero sé que será momento de hacerlo cuando mi mente se rinda. Intento trabajar todo lo que puedo y me siento con energía gracias a eso. Si mi mente funciona, yo sigo trabajando”.

Antes viajaba mucho por trabajo, ya que interpretaba principalmente de forma presencial: trabajó en Cairns, Townsville y Brisbane, en Queensland; en los tribunales de Adelaida; en Broken Hill y Lightning Ridge, en zonas rurales de Nueva Gales del Sur. Hoy trabaja sobre todo por teléfono. Aunque todavía maneja, solo hace trabajo presencial si encuentra estacionamiento; de lo contrario, interpreta por teléfono o videollamada. Aunque el alemán fue casi su segunda lengua materna, reconoce que se le ha “oxidado”, así que hoy solo interpreta en húngaro e inglés-húngaro.

“No sabría qué hacer con mi mente si dejara de trabajar”

Barany recibe una pensión, y su trabajo freelance le representa un ingreso extra, aunque no tan alto como cuando trabajaba a tiempo completo. Según cerró en su relato para SBS: “Mi trabajo me mantiene ocupada. La verdad es que no sabría qué hacer con mi mente si dejara de trabajar. Y sé que soy buena en mi trabajo, y que se me necesita”.

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Crédito de la fuente original: www.clarin.com

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