31/07/2026

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Si sientes rabia cuando alguien mastica cerca, no es mala educación ni mal genio, la psicología y la neurociencia explican que es una reacción involuntaria llamada misofonía

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Para algunas personas, el sonido de alguien masticando, sorbiendo o haciendo clic con un bolígrafo no provoca simple molestia, sino una reacción intensa e inmediata que llega antes de cualquier decisión consciente de enojarse. La ciencia tiene un nombre para ese fenómeno: misofonía.

En la última década, un conjunto de estudios de neuroimagen, encuestas de prevalencia y ensayos clínicos ha comenzado a documentar el fenómeno con datos, aunque la afección todavía no cuenta con un código de diagnóstico oficial.

El estudio más citado sobre el tema es el que publicó en 2017 el investigador Sukhbinder Kumar junto con su equipo de las universidades de Newcastle y University College London, en la revista Current Biology. Los científicos escanearon el cerebro de 20 adultos con reacciones misofónicas y 22 personas sin la condición mientras escuchaban sonidos disparadores, sonidos desagradables generales y sonidos neutros.

En el primer grupo, los sonidos disparadores generaron una actividad mucho mayor en la corteza insular anterior, una región vinculada a la detección de estímulos relevantes, además de un aumento más marcado del ritmo cardíaco y la conductancia de la piel.

Un equipo de Ámsterdam liderado por Arjan Schröder, que publicó en Scientific Reports en 2019, halló un patrón similar en 21 pacientes y 23 personas de control, con mayor actividad en la ínsula y en la corteza cingulada anterior.

El análisis más amplio hasta ahora, divulgado en febrero de 2026 en Human Brain Mapping por Heather Hansen y su equipo, examinó resonancias de 162 adultos y encontró que la conectividad de la ínsula se relacionaba con puntajes de misofonía, sin vincularse con ansiedad, depresión ni rasgos autistas. Los propios investigadores advierten que estos estudios trabajan con muestras reducidas, de decenas de personas, y que no existe todavía una prueba cerebral capaz de diagnosticar la condición en un individuo.

Kumar publicó en 2021, en el Journal of Neuroscience, una hipótesis distinta: que la irritación no depende tanto del sonido en sí como de una conexión entre las áreas auditivas y visuales y la corteza premotora ventral, la zona que controla los movimientos de la boca y el rostro. Según esa lectura, el sonido funcionaría como un medio y no como la causa directa de la reacción, algo que aún no se considera una conclusión definitiva dentro de la neurociencia cognitiva.

La misofonía no figura ni en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) de la Organización Mundial de la Salud. En 2013, Schröder, junto con Nienke Vulink y Damiaan Denys, propuso en PLOS ONE considerarla parte del espectro obsesivo-compulsivo, una hipótesis que no logró consenso posterior.

La psiquiatra estadounidense Susan Swedo encabezó en 2022, en Frontiers in Neuroscience, una definición de consenso elaborada por un comité de 15 especialistas en audiología, psiquiatría, psicología y neurociencia. El documento describe una tolerancia disminuida a sonidos específicos, pero funciona como herramienta de investigación, no como categoría clínica formal.

Sobre la prevalencia, una encuesta de 772 adultos del Reino Unido, realizada por Silia Vitoratou y Jane Gregory, de los King’s College de Londres y la Universidad de Oxford, y publicada en PLOS ONE, estimó que el 18,4% presenta síntomas con un impacto significativo. Las autoras aclaran que esa cifra corresponde a un umbral de gravedad, no a un diagnóstico de trastorno.

En cuanto a tratamientos, un ensayo clínico de 2021 dirigido por Inge Jager en Ámsterdam mostró que la terapia cognitivo-conductual grupal mejoró a cerca del 37% de los pacientes, con resultados sostenidos un año después.

Un estudio de 2025 de Michael Twohig, de la Universidad Estatal de Utah, comparó esa terapia con un programa de relajación estructurado en 60 adultos y halló resultados similares entre ambos enfoques.

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Crédito de la fuente original: www.clarin.com

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