29/10/2026

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“En Silicon Valley no entienden qué es el periodismo”

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“En Silicon Valley no entienden qué es el periodismo”. La frase la disparó Caspar Llewellyn Smith, jefe de inteligencia artificial del diario británico The Guardian, en una crítica a las empresas que utilizan noticias para alimentar sus productos sin pagar por el trabajo que hay detrás. Si una respuesta de ChatGPT o Claude reemplaza la visita al medio que investigó y publicó esa información, ¿cómo se financian las próximas noticias?

Llewellyn Smith visitó este miércoles la redacción de Clarín, donde se reunió con editores y responsables del diario, antes de su presentación de este jueves en Media Party. Durante su estadía abordó cómo se está usando la IA en el periodismo, pero también y por sobre todo, cómo lo está afectando.

El lema de esta edición de la Media Party, “El agente es el mensaje” (reformulación de la conocida frase del teórico de la comunicación Marshall McLuhan) fue el punto de partida de la entrevista. Los agentes son sistemas de inteligencia artificial capaces de realizar tareas de manera autónoma, desde buscar y analizar información hasta interactuar con aplicaciones y ejecutar acciones en nombre de un usuario: en el periodismo se convirtieron en una suerte de asistente del reportero o editor.

Pero un gran problema es que la forma en que esas herramientas responden las consultas también afecta los ingresos de los medios. “Google Zero” describe un escenario en el que el buscador deja de enviar tráfico a otros sitios: un usuario busca información y recibe un resumen hecho con IA, sin necesidad de abrir las páginas de las que se extrajo esa información. Los medios pierden visitas, ingresos publicitarios y oportunidades de sumar suscriptores, mientras su trabajo sigue alimentando las respuestas del buscador.

Toda esta situación llegó a los tribunales de Estados Unidos, con la demanda de The New York Times contra Microsoft y OpenAI. En paralelo, otros medios negocian licencias y The Guardian es uno de los que hicieron acuerdos, precisamente con OpenAI, lo que vuelve a plantear una tensión que los medios ya atravesaron durante el boom de las redes sociales: cómo negociar con las tecnológicas sin ceder el control sobre su trabajo y el acceso a sus lectores, como ocurrió con Google y Facebook.

Antes de su charla en el encuentro que reúne en Buenos Aires a periodistas, programadores, diseñadores y emprendedores para trabajar sobre innovación en medios, habló mano a mano con Clarín.

Google Zero: qué pasa cuando el buscador deja de enviar lectores

—¿Cómo cambiaron los agentes de IA al trabajo periodístico?

—Hay oportunidades muy claras dentro de las redacciones. Si sos un periodista de investigación, podés poner a trabajar varios agentes para que hagan búsquedas en la web o examinen grandes conjuntos de datos. Pueden leer miles de documentos en un tiempo que a una persona le llevaría semanas, meses o años. En ese sentido, pueden darles una especie de superpoderes a los periodistas, soy bastante optimista respecto de ese potencial.

─¿Y qué te preocupa del uso de la IA en el periodismo?

─Lo que me preocupa es qué pasa si Bill Gates tiene razón. Hace tres años dijo que todos tendríamos un asistente personal de IA con una tecnología muy superior a la disponible entonces. Es fácil imaginar ese mundo: un agente que sabe muchísimo sobre vos, consigue la información que necesitás y anticipa tus pedidos. Habrá personas que sigan entrando a un medio porque confían en su marca y en el criterio humano que seleccionó las noticias, pero para las consultas básicas, los agentes ya pueden hacer un gran trabajo. Lo que hoy es un pequeño resumen de Google puede volverse mucho más rico y personalizado: si el consumo se desplaza hacia ahí y reemplaza a los medios, el desafío para los medios de comunicación es muy grande.

—¿Cómo explicarías el fenómeno de “Google Zero” y qué problemas le plantea al periodismo?

—En la época del papel, los medios encontraban historias, las publicaban y controlaban su distribución. Con internet pudieron llegar a más personas, pero cedieron buena parte de ese acceso a Google y Facebook. Pero ahora la IA introduce otro cambio: toma la materia prima de las noticias, sintetiza el periodismo, lo interpreta, arma una respuesta y se la presenta al público. Cuando Google responde una consulta directamente, mucha gente queda satisfecha y no necesita entrar al medio, no hace clic: eso reduce los ingresos por publicidad y las posibilidades de convertir a esos lectores en suscriptores. Va vaciando el modelo de negocio.

─De hecho, el tráfico global de los medios y los sitios web en general está cayendo.

─Claro, y los medios demasiado dependientes de Google están sufriendo. La información especializada o una marca fuerte pueden protegerte. Pero no daría por sentado que esa protección pueda durar tres, cuatro o cinco años. Los asistentes de IA conocerán muy bien a sus usuarios y ofrecerán respuestas cada vez mejores. Habrá menos motivos para visitar a quien produjo la noticia.

—Si una IA puede explicar un tema o resumir la actualidad, ¿qué sigue aportando el periodismo a la sociedad civil?

—Hace dos días hablaba con nuestra directora sobre volver a mirar investigaciones como los Panama Papers y los Paradise Papers, para ver si una IA encuentra algo que no habíamos detectado. Una IA todavía no puede hablar con el sobreviviente de un atentado, comprender su experiencia y aportar la empatía humana necesaria para contar esa historia. Golpear puertas, hacer preguntas difíciles o sensibles: eso no es algo que vaya a reemplazar mañana. También hay valor humano en la opinión y el comentario, en confiar en el juicio de un humano.

Quién paga por las noticias que usan los chatbots

—Los periodistas están mal pagos en todo el mundo y, a la vez, los medios pierden ingresos publicitarios. Si la IA usa ese trabajo sin llevar lectores a las fuentes, ¿cómo se sostiene la producción de información? ¿Qué incentivos hay para hacer periodismo?

—La primera cosa que diría es que no hay un escenario en el que, dentro de cinco años, los periodistas estén mejor pagos. Y desconfiaría de un ecosistema que los incentivara en exceso: la gente hace periodismo porque la mueve algo más fundamental, que es descubrir cosas. Esa es la triste verdad. Dicho eso, es posible ser positivo, porque se puede pensar que un asistente que actúe en tu nombre podría encontrar la mejor fuente sobre política, información local o fútbol y explicar por qué la considera confiable. Y esa fuente vas a ser “vos”: un periodista especializado. Si está alineado con nuestros intereses, podría aumentar la demanda de periodismo especializado y ayudarlo a encontrar públicos más grandes.

─O sea, puede aumentar la demanda por más periodismo.

─Bueno, las revoluciones de la información aumentaron la demanda: con la imprenta, la gente quiso leer más libros. Con la IA, una consulta puede ser mucho más detallada que las pocas palabras que escribíamos en Google. La pregunta es cómo se les paga a quienes producen esa información: esa va a ser la pelea. Si las tecnológicas no encuentran un mecanismo, también tendrán un problema: se van a quedar sin datos nuevos para sus modelos.

—Claro, las Big Tech necesitan periodismo para alimentar sus productos. Cloudflare, por ejemplo, propone un modelo donde se le pague a los medios por usar sus contenidos. ¿Ves viable ese modelo?

—A ver, la IA necesita tres cosas: algoritmos, capacidad de cómputo y datos. Un desarrollador estrella de Silicon Valley puede costar lo mismo que muchas personas de nuestra redacción. Estas empresas gastan fortunas en desarrolladores y cómputo. Pero sin el tercer pilar, los datos, no pueden hacer funcionar a sus modelos. Se acostumbraron, desde los primeros tiempos de internet, a pensar que pueden tomar ese material gratis. Algunas se comportaron y siguen comportándose de manera espantosa. Vimos a Anthropic tener que pagar por robar obras de autores. Y vimos a Meta intentar cambiar sus condiciones para decir que, si tenés una cuenta de Instagram, pueden tomar todo tu periodismo y contenido y hacer lo que quieran con él. Es indignante.

─¿Cómo llegamos a que estas empresas tengan tantas licencias?

─Algunas de ellas se comportan así porque están acostumbradas a pensar que ese material es gratis y no entienden el periodismo. En Silicon Valley no entienden qué es el periodismo. Tampoco parecen demasiado interesadas en que haya gente haciendo periodismo de investigación, algo que no sorprende tanto cuando hablamos de las empresas más ricas del mundo. ¿Cómo las convencés de que lo que hacemos tiene valor?

─Bueno, Jeff Bezos dijo, cuando compró el Washington Post, que el periodismo regaló sus contenidos durante años en internet.

─Hay señales en Google, Apple y Microsoft de que tendrán que llegar a un acuerdo más justo. Los medios debemos impulsar reglas y estándares que faciliten esa negociación. Es posible un resultado mejor y sería ingenuo dar por hecho que las tecnológicas ponen primero los intereses de la sociedad: esa no es necesariamente la historia de los últimos treinta años.

—The Guardian ya tiene un acuerdo con OpenAI. ¿No es un arma de doble filo como lo fue confiar en Google y el SEO?

—Hicimos acuerdos de licencia, por ejemplo con ChatGPT. Nos pagan y autorizamos que usen nuestro periodismo para sintetizarlo y responder una consulta. Lo que no pueden hacer es darte el artículo completo dentro de ChatGPT. Hoy seguimos pensando en eso como un modelo de derivación de lectores. Si preguntás qué piensa uno de nuestros columnistas, el sistema puede resumirlo y poner un enlace para que leas la nota en nuestro sitio. El problema es que mucha gente no va a salir del chatbot: hay un paso adicional y la respuesta quizá ya le alcanza.

—¿Cómo podría ser otro modelo?

—The New York Times puso un muro de pago, nosotros les pedimos a los lectores que nos apoyen voluntariamente. Hoy la mayor parte de nuestro negocio viene de ellos. ¿Qué pasaría si pudieras acceder al Guardian dentro de ChatGPT, Gemini u otro asistente y leer un artículo completo? Desde el punto de vista de un medio no es el futuro más deseable, pero podría ser la alternativa menos mala si conservamos parte de la relación con ese lector. Si alguien está suscrito a Clarín, ¿por qué no podría usar esa suscripción dentro de ChatGPT o Gemini? Eso todavía no está construido. Hay versiones con otros servicios, como Spotify. Me interesa explorar si puede ser un modelo adicional al de las licencias.

—Las empresas de IA suelen jugar la “carta Skynet”, cuando advierten de los peligros de sus propias creaciones. Más allá de esta narrativa marketinera¿cuál es la amenaza concreta para el periodismo?

—La mayor amenaza es que el poder se concentre en un número cada vez menor de empresas de Silicon Valley y que ellas se conviertan en la forma habitual en la que todos accedemos al mundo digital. Si las noticias son algo que esas empresas sintetizan, organizan y devuelven a los consumidores, y quienes producen ese conocimiento no tienen una manera de cobrar, la industria de los medios se va a vaciar.

─¿Cuál es la amenaza más grande para la sociedad?

─Hay un riesgo de que esos sistemas puedan ser corrompidos. En un mundo cada vez más autoritario, ya no es absurdo preocuparse por un escenario en el que tu asistente te conoce muy bien, recibís todas tus noticias a través de él y, sin embargo, te está diciendo cosas que no son ciertas o distorsionando la verdad.

─¿Qué deberíamos exigirles a estas empresas?

─Como sociedad, tenemos que asegurarnos de que esos asistentes representen nuestros intereses y no sean manipulados. Que no empiecen a introducir publicidad encubierta o a sugerirte a quién votar cuando se acercan las elecciones. Aunque hay elementos para pensar que todo esto se puede evitar, también podemos mirar a una compañía como Facebook, que no ha gestionado bien nuestras vidas digitales. Son empresas que no actuaron bien en el pasado y cuyos incentivos no están alineados con los nuestros. Eso debería preocuparnos.

Media Party se realiza desde 2012 en Buenos Aires. La edición actual va del 29 al 31 de octubre, con sus primeras dos jornadas en la Ciudad Cultural Konex.

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Crédito de la fuente original: www.clarin.com

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